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viernes, 3 de julio de 2015

La ansiedad inducida por la inacción






Los médicos hemos sido entrenados para actuar con eficacia, y quizás por ello hemos transmitido a la sociedad, también con eficacia, la cultura del "cuanto antes" y "cuanto más mejor", mientras que ahora empiezan a aparecer datos que avisan de que convendría ser más reflexivos en el consumo de pruebas y tratamientos. Con este panorama, ya se ve que estamos ante un escenario problemático, porque muchos de los nuevos mensajes son del tipo "mejor no actuar", y eso ahora es, para muchos, contraproducente, y además suena a recortes. Supongamos que tenemos que explicar a una persona mayor que tiene una bacteriuria asintomática, pero que la evidencia aconseja no tratarla con antibióticos; o que un hombre joven sufre una lumbalgia invalidante, y le tenemos que convencer de que es recomendable no hacer ninguna prueba de imagen porque no aportaría nada a su proceso clínico. No hace falta poner más ejemplos para darnos cuenta de las enormes dificultades que plantea la práctica de la medicina basada en la evidencia ante el consumismo imperante.


El tweet del Dr. Charles Glassman nos conduce a un post de "Scientific American" que explica que, en un informe de los National Institutes of Health (NIH), se documenta una serie de 100.000 hombres con cáncer de próstata, con estadiaje leve, que recibieron el consejo de adoptar una actitud expectante, pero que sólo un 10% aceptó este consejo y, además, un cuarto de estos pidió la intervención poco tiempo después.

Cuando la corriente va en el sentido de la acción, la principal dificultad para la práctica clínica responsable es la ansiedad que la inacción induce en la mayoría de personas. Estamos delante, pues, de un nuevo reto para la medicina moderna, y no parece poco.


Jordi Varela

Editor

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