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lunes, 14 de enero de 2019

Un plan B para financiar la integración de servicios sociales y sanitarios



@varelalaf





Cada vez hay más personas con necesidades sociales y sanitarias complejas y, por este motivo, todos los gobiernos del mundo están intentando integrar ser-vicios, pero los esfuerzos no suelen tener éxito, especial-mente porque los presupuestos de los departamentos sociales son demasiado escasos para afrontar la intensidad de los servicios requeridos para estos pacientes, pero también porque muchos ciudadanos, por varias razones, no tienen derecho a ciertas prestaciones sociales, ni suficiente dinero para pagár-selos. La cuestión es que las urgencias hospitalarias se han convertido en el campo de refugiados del fracaso de la integración de servicios, lo cual no hace más que inyectar presión a los presupuestos hospitalarios en detrimento de los comunitarios. Todo ello un desacierto de grandes proporciones.


Con el fin de aportar un poco de luz al problema, en este blog hemos analizado varias iniciativas, como las de PACE en Estados Unidos, PHB en Inglaterra o Buurtzorg en Holanda, las cuales, con diversas fórmulas, están potenciando económicamente la evaluación integral en el marco comunitario y los planes individualizados elaborados de manera conjunta entre sanidad y servicios sociales, asumiendo que invertir de manera colaborativa en prestaciones sociales y trabajo enfermero domiciliario consigue reducir hospitalizaciones evitables.





Al margen de estas experiencias, u otras por el estilo, como que el panorama general de la integración es tan decepcionante, The Commonwealth Fund (TCF) ha lanzado una iniciativa que se basa en reinvertir parte del dinero de los sistemas sanitarios en prestaciones sociales. Esta idea de TCF, un plan B en toda regla, pretende inyectar fondos procedentes de la sanidad, que habitualmente se gastan en tratamientos inapropiados, a la potenciación de unos servicios sociales comunitarios mucho más valiosos para las personas frágiles y vulnerables y, de esta manera, poder reducir la presión asfixiante que sufren las urgencias hospitalarias. En esta línea, la consultora KPMG, en una evaluación de uno de los proyectos impulsados ​​por TCF, concluye que por cada dólar invertido en la comunidad se genera un ahorro de 3,47 dólares en el sistema sanitario, una demostración clara de la efectividad de la ley de Sutton. Por si ahora no lo recuerdan, esta ley fue descrita por John Wennberg en Tracking Medicine, tras inspirarse en las palabras del atracador Willie Sutton, que cuando le preguntaron que por qué robaba bancos contestó que lo hacía porque era allí donde había dinero. Wennberg, en el libro, demuestra que los fondos necesarios para atender a los pacientes crónicos apropiadamente en su entorno familiar hay que ir a buscarlos en los tratamientos fragmentados y excesivos que los hospitales destinan a estos enfermos.

Como los presupuestos sociales no dan abasto, pediría que los recursos necesarios para atender de manera integral las personas con necesidades sociales y sanitarias complejas salieran del derroche del sistema sanitario, lo que conllevaría una ganancia adicional en el acceso universal a servicios comunitarios de las personas más vulnerables.


Jordi Varela
Editor

1 comentario:

  1. Buenas, esos tratamientos inapropiados son defendidos a capa y espada por las farmacéuticas q no pretenden otra cosa que el lucro al margen de cualquier consideración sprevia de introducir alternativas que puedan mejorar la situación de los usuarios.

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