lunes, 25 de mayo de 2015

Integración de servicios sociales y sanitarios: 3 problemas y 3 propuestas








El envejecimiento de la población tiene muchas lecturas, algunas de ellas muy positivas, como por ejemplo que cada vez hay más afortunados que pueden vivir más años de forma bastante saludable, pero también las hay de problemáticas como es el aumento de la combinatoria de cronicidades y de deprivación sociales, y la llegada de muchas personas en estadios avanzados de fragilidad geriátrica. Y en este punto es donde los modelos de provisión de servicios, tal como se han ido consolidando en las últimas décadas, empiezan a dar respuestas muy insatisfactorias. Los gobiernos lo saben y, por este motivo, están lanzando iniciativas para abordar la cronicidad y la fragilidad de manera más efectiva, pero estos programas a menudo tropiezan con dificultades políticas, resistencias al cambio y burocracias difíciles de superar.

De todo lo que he visto en esta materia, creo que los británicos son los más atrevidos, y por eso he elegido el informe de la "Comission on the future of health and social care in England" publicado por King's Fund, porque sintetiza muy bien cúales son los problemas de los modelos actuales y cuáles son las propuestas que se deben poner en la mesa.


Primer problema: el modelo actual es injusto. El sistema sanitario es universal y gratuito, mientras que el acceso a los servicios sociales es restringido. Pongamos por caso dos ejemplos: las personas afectadas por cáncer gozan de cobertura global, al margen de los costes del proceso y del nivel económico del paciente, mientras que los enfermos de Alzheimer sufren limitaciones de acceso a los servicios, sobre todo en los estadios más avanzados, cuando las necesidades ya son más sociales que sanitarias.

Segundo problema: las fuentes de financiación son diferentes. El sistema sanitario se nutre directamente del presupuesto público, mientras que el social es híbrido, con participación de diferentes administraciones, incluida la local, y con una gran variedad de copagos de gestión compleja.

Tercer problema: los sistemas sociales y sanitarios no están coordinados. Los modelos de provisión de servicios sanitarios y sociales tienen, por sí mismos, problemas internos de coordinación, pero cuando aparecen pacientes con necesidades combinadas sociales y sanitarias, entonces se evidencia que los servicios están más pensados ​​en cómo organizar los criterios de la oferta que en cómo resolver los problemas reales de cada persona.

Tres propuestas inglesas que deberían ser el eje de todas las iniciativas de integración entre servicios sociales y sanitarios 

Primera propuesta: compra conjunta de servicios sociales y sanitarios en base a procesos definidos.

Segunda propuesta: elaboración de planes terapéuticos individualizados de manera conjunta entre servicios sociales, atención primaria sanitaria y especialistas implicados.

Tercera propuesta: elaboración de escalas de necesidades y liberación de los límites de acceso a los servicios sociales de los pacientes más complejos.

La integración de servicios sociales y sanitarios es un reto que se debe afrontar desde arriba (alianzas y fusiones), pero también desde el nivel profesional (mediante el trabajo multidisciplinar), con el objetivo de hacer llegar a los pacientes complejos los servicios de forma más coordinada y coherente a como ocurre en la actualidad.


Jordi Varela

Editor

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