El modelo de provisión de servicios sanitarios es una combinatoria de burocracia profesional y burocracia político-administrativa, pasada por el filtro de la racionalización organizativa. El hecho es que hay un tercio (aproximadamente) de procesos clínicos que se adaptan bien y, lógicamente, muestran buenos resultados. Pongamos por caso: intervenciones quirúrgicas programadas, patologías agudas médicas de baja-media complejidad, código ictus o código infarto. Hasta aquí todo bien, pero a nadie se le escapa que quedan dos tercios de la casuística que no encajan con las rigideces de la oferta; hablamos, lógicamente, de la cronicidad y de la fragilidad geriátrica, pero también de las enfermedades degenerativas cuando empiezan a ser limitantes o de los procesos clínicamente complejos de difícil etiquetado. Además, en la sociedad hay un montón de personas en situaciones delicadas, bien sea porque viven solas, son pobres o son inmigrantes, o bien porque viven en entornos desestructurados, por poner cuatro ejemplos; personas que, o no acceden a los servicios o, si lo hacen, no se mueven nada bien en ellos.
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lunes, 22 de mayo de 2017
viernes, 14 de junio de 2013
Liderazgo de los médicos en la reducción del derroche
why medical leadership is essential if the NHS is to be sustained. Lessons learned on my recent visit to the US bmj.com/content/346/bm…
— Chris Ham (@profchrisham) 6 de junio de 2013
El profesor Chris Ham acaba de regresar de una ronda por los Estados Unidos (Kaiser, Intermountain y Virgina Mason Medical Centre), y en un artículo en BMJ escribe que el liderazgo de los médicos es esencial para actuar con criterio clínico y así evitar recortes transversales.
En el artículo dice, refiriéndose al NHS: ¿Cómo puede ser que, a pesar de la crisis, se mantengan las variaciones en el uso de recursos? ¿Cómo puede ser que los médicos no estén entusiasmados por combatir una lacra que más bien les desprestigia?
Chris Ham ha observado que en las tres organizaciones visitadas, sin excepción, hay liderazgos relevantes de médicos experimentados en posiciones claves, líderes que saben combinar credibilidad con revisión analítica de los resultados clínicos obtenidos.
lunes, 28 de enero de 2013
El sesgo del statu quo
El
artículo seleccionado de JAMA (Volpp 2012) dice en su introducción (traduzco):
Muchos de los servicios sanitarios ofrecidos en los Estados Unidos son de bajo
valor, lo que significa que el coste de la prestación de estos servicios es
demasiado elevado en relación al beneficio para la salud que aportan. En
algunos casos la atención recibida puede no tener ningún valor o, incluso,
puede ser perjudicial. Ejemplos de servicios de valor bajo o negativo incluyen
la cirugía innecesaria o el diagnóstico por imagen que no cambiará en nada la
gestión clínica del proceso. Se estima que el 30% de los 2,5 trillones de
dólares (billones nuestros) que Estados Unidos gasta en servicios sanitarios
aportan poco beneficio, por lo tanto hay una inquietud importante para mejorar
la eficiencia y la efectividad del sistema.
El sesgo
del statu quo
Este
artículo de Volpp me gusta porque plantea el asunto del statu quo. Y esto es oportuno porque hoy por hoy sólo estamos
acostumbrados a los debates sobre introducción de nuevas tecnologías, o nuevos
fármacos, y quizá por eso ya empezamos a valorar la oportunidad de la
innovación en términos de coste-eficiencia o incluso de coste-efectividad. Me
refiero a los 150.000$ de la introducción de trastuzumab en casos de metástasis de cáncer de mama por año de
vida ganado, o a los 370.000$ del uso de erlotinib
para casos de cáncer avanzado de páncreas (Weinstein 2010). Pero la pregunta
del statu quo es: ¿nos cuestionamos
el coste-efectividad de las actividades clínicas que estamos haciendo cada día,
o es que el statu quo de haber
conseguido una posición en la cartera de servicios ya las exonera de la duda?
Para
ilustrar esto del statu quo, y no ser exhaustivo, he elegido un par de ejemplos del campo de las actividades
preventivas y un par más del de las actividades asistenciales supuestamente
curativas.
Ejemplo 1 - PSA
Casi todas
las mutuas, tanto públicas como privadas, ofrecen a los hombres que ya han
cumplido 50 años la posibilidad de hacerse un test anual de PSA (Prostate Specific Antigen). No parece
que sea un test especialmente caro, pero ahora la controversia se centra en las
desventajas de la detección precoz, debido a que, según los expertos, no está
claro que ésta aporte más vida a los pacientes, pero sí parece, en cambio, que
el sobretratamiento que se deriva puede ocasionar nuevos problemas en su vida
cotidiana (incontinencia, impotencia). Los grupos de expertos claman para
informar bien de todo esto a los hombres antes de hacerse el test, pero las
mutuas, tozudamente, continúan ofreciendo el PSA anual en su cartera
preventiva, sin más consideraciones.
Por si
están interesados en esta cuestión les ofrezco el link del National Cancer Institute de EEUU.
Ejemplo 2 - Papanicolau
Si se
compara el coste del cribado anual
para cáncer de cérvix en relación al cribado bianual, el coste por año de vida ganado de la primera programación
es de 800.000$ respecto de la segunda (Weinstein 2010), y a pesar de saberse
este coste tan desproporcionado, muchas mujeres y muchos ginecólogos continúan
con la práctica habitual del papanicolau anual.
Ejemplo 3 - Seguimientos a largo plazo
Para este
ejemplo he elegido un tema de evaluación poco común: los seguimientos de largo
plazo de enfermos que han tenido en algún momento de su vida algún
procedimiento quirúrgico o médico importante. Resulta que en estas situaciones,
los especialistas aplican pautas de controles que la mayoría de veces no consta
que tengan ningún apoyo en la evidencia. Es habitual ver, en los hospitales,
enfermos con controles programados cada seis meses o cada año, con peticiones
de biomarcadores, resonancias o PET. Se trata del statu quo del gran consumo de la tecnología diagnóstica. ¿Estamos
seguros de que la aplicación de las pruebas diagnósticas para los seguimientos
de largo plazo es la adecuada, o más bien estamos ante casos claros de
sobreactuación?
Para
ilustrar un poco mejor este ejemplo he escogido un recorte de una de las 5
cuestiones (la que tiene el número 4) que la Sociedad Americana de OncologíaClínica recomienda que se deberían cuestionar.
Ejemplo 4 - Hospitalizaciones potencialmente evitables
John
Wennberg ha demostrado, sobradamente, (Wennberg 2010) que la disponibilidad de
camas de hospital en un territorio es el principal trazador de la cantidad de
ingresos hospitalarios que ocurren, y no lo es en cambio el rigor clínico en
los criterios adoptados sobre qué enfermos se cree que una estancia en el
hospital les puede aportar algún valor añadido. El asunto es claro: más camas,
más ingresos, al margen de otras consideraciones, incluso de las más puramente
clínicas.
Si hacemos
una estimación, con datos catalanes que son las que ahora mismo tengo en la
mesa, de los ingresos hospitalarios potencialmente evitables, nos encontramos
con cifras muy destacables que inmediatamente refinaré, porque a nadie se le
escapa que por muy buena gestión clínica que apliquemos, esta cifra nunca será
cero. Pues bien, si imaginamos que el conjunto de hospitales catalanes tuviera
un número de ingresos potencialmente evitables como los del cuartil de
hospitales catalanes que tiene las cifras más bajas (benchmarking puro), el sistema, y los enfermos, se podrían ahorrar
más de 30.000 ingresos hospitalarios al año. Pero en cambio el modelo de
financiación en los centros continúa pagando por alta, al margen de
consideraciones de idoneidad (cabe aclarar que esto ocurre no sólo en Cataluña,
sino en todas partes).
Discusión
Hoy he
querido hablar de un asunto que afecta a la parte nuclear del cor business de la gestión clínica. Y
por eso creo que es necesaria la introducción de un espíritu crítico sobre las
prácticas clínicas más comunes, porque debido al gran poder diagnóstico y
curativo de los recursos de los que disponemos, esta reflexión del statu quo debería imponerse con más
fuerza y no sólo por cuestiones de hipotéticos derroches, sino también por la
capacidad que tenemos de causar problemas añadidos a personas enfermas como
consecuencia de sobreactuaciones clínicas innecesarias.
Bibliografía
Volpp KG,
Loewenstein G Asch DA. Assessing Value in Health Care Programs. JAMA, May 23/30
2012; 307,20:2153-4.
Weinstein
MC, Skinner JA. Comparative Effectiveness and Health Care Spending.
Implications for Reform. NEJM 2010.326; 5:460-5.
Wennberg
JE. Tracking Medicine. Oxford University Press 2010.
El próximo
lunes 4 de febrero, continuando con la línea de la evaluación de programas
sanitarios, hablaré de cómo afrontar la idoneidad de nuevos modelos
organizativos y de nuevas actuaciones clínicas. ¿Qué valor pueden aportar?
¿Cómo se pueden financiar?
lunes, 24 de diciembre de 2012
Despilfarro, los oncólogos opinan
"En los
países del primer mundo, el tratamiento del cáncer ha adoptado la cultura del
exceso: se diagnostica en exceso, se trata en exceso y se promete en
exceso."
|
El titular que he
elegido pertenece al informe que "The Lancet Oncology Comission" publicó hace un año, el cual iba firmado
por un colectivo de oncólogos muy amplio. En el recorte que les adjunto abajo
pueden ver, a la derecha, el encabezado de la lista de autores que se extiende
a lo largo de dos páginas.
Se trata de un
documento importante que repasa, con espíritu crítico, todas las facetas del
abordaje del cáncer en los países occidentales: el coste efectividad, el uso de
la tecnología, la carrera enloquecida de los nuevos fármacos, la adecuación de
la investigación, el papel de la oncología médica, la quirúrgica, la
radioterapia, la genómica, la paliativa, pero sobre todo la pregunta que se
hacen los autores es si el camino que sigue la oncología es el más apropiado, y
si como sociedad nos lo podemos permitir.
Un par de
"perlas" escogidas del documento:
Tanto los
oncólogos, como la industria relacionada, deberían ser más responsables y no
aceptar evidencias subóptimas. Deberían combatir contra la ética que defiende
pequeños resultados a cualquier coste.
|
Proveer
tratamientos fútiles, como quimioterapia en las últimas semanas de vida,
tiene consecuencias económicas, pero también compromete la calidad de vida de
los pacientes, porque esta actitud hace que el equipo asistencial no ponga el
foco en las pautas paliativas, seguramente mucho más necesarias.
|
Y esta última
"perla" me conduce al artículo que presento a continuación, escrito
por dos oncólogos paliatólogos y publicado unos meses antes en el New England.
"Bending the cost curve" es una
frase que ha hecho fortuna en ciertos medios económicos norteamericanos, y que
aplicada a la sanidad, transmite la idea de reto, de "a ver si somos
capaces de torcer, evidentemente hacia abajo, la tendencia estructuralmente
incrementalista de los costes sanitarios ".
En el artículo los
autores reflexionan sobre la innegable influencia de los oncólogos en los
costes de los procedimientos, aunque esto no siempre se relacione bien con los
resultados clínicos, o lo haga de una manera exigua a pesar de los esfuerzos y
los recursos empleados. Se trata de un documento que propone recomendaciones
algo más prácticas que el anterior, y del que he extraído algunas de
significativas:
- Los pacientes a los que se les administra quimioterapia deberían ser capaces de llegar andando, sin ayuda, al hospital de día.
- En los pacientes con metástasis no se les debería forzar la quimioterapia hasta el extremo de tener que necesitar factores estimuladores de células blancas.
- Deberían limitar la segunda y tercera líneas de tratamiento en el cáncer metastásico de tumores sólidos a la monoterapia secuencial.
Para terminar el post, les invito a ver qué dice la American Society of Clinical Oncology (ASCO)
cuando desde la iniciativa "Choosing Wisely" se les pide que se pronuncien sobre 5 actuaciones clínicas que
tanto los oncólogos como los pacientes deberían cuestionar.
Las recomendaciones
son sorprendentemente de tipo limitativo (recuérdese que vienen del mundo
profesional y no de las mutuas), y me ha parecido interesante destacar tres de
ellas, debido a que me parece que en la práctica habitual claramente no se
cumplen:
- No se debe usar tratamiento directamente anticanceroso para pacientes con mal estado general (3 ó 4), con algunas excepciones escasas justificadas por evidencias específicas o ensayos clínicos.
- No se deberían hacer ni PET, ni TAC, ni gammagrafías de huesos en pacientes recién diagnosticados de cáncer de próstata o de mama, en estadios iniciales y con riesgo bajo de metástasis.
- No se deberían pedir biomarcadores, ni PET, ni TAC, ni gammagrafías de huesos en los controles de seguimiento de pacientes asintomáticas que habían sido tratadas de cáncer de mama con intencionalidad curativa.
Discusión
Sabiendo que el gap
entre la evidencia científica y la práctica clínica es abismal, sobre todo
cuando en el caso del cáncer influyen tantos vectores emocionales, y
económicos, es bueno que los profesionales, a través de los medios propios, se
definan sobre prácticas que no hacen más que desacreditar la propia profesión,
y que se emitan mensajes sobre la importancia de evaluar los resultados
clínicos reales, más allá de apreciaciones personales y evidencias
"subóptimas". En nuestro país, al revés de lo que está pasando en el
mundo anglosajón, se nota un silencio preocupante de las sociedades científicas
sobre estos asuntos de adecuación de la práctica clínica y de coste-efectividad.
Y en cuanto al mundo
de la "gestión clínica", también quiero ser crítico, dado que los que
nos dedicamos a ello no hemos sido capaces, hasta ahora, de desarrollar indicadores
que nos marquen donde se encuentra el despilfarro, o incluso el sufrimiento
innecesario. ¿Cómo puede ser que hoy seamos capaces de analizar la mortalidad
ajustada por riesgo de una intervención quirúrgica y, en cambio, no dispongamos
de indicadores para averiguar cuándo y dónde se produce la administración
injustificada o desproporcionada de tratamientos tóxicos a pacientes en vía
paliativa?
--------------------------------------------------------------
El próximo post del lunes 31 quiero hacerme eco de
iniciativas organizativas complejas, y tozudas, que han obtenido buenos
resultados, y lo haré a raíz de la próxima publicación en el Journal of Hospital Administration de un
artículo que recoge la experiencia de 12 años en el Hospital de Bellvitge, a
cargo de Xavier Corbella y de su equipo.
Ah! Y “Feliz
Navidad” a todos y todas!
lunes, 3 de diciembre de 2012
Cuatro maneras de hacer realidad la ley de Sutton
A mí se me ocurre
que hay cuatro aproximaciones posibles para abordar la ley de Sutton (recuerden
que esta ley nos indica que tenemos que ir en busca del derroche para obtener
fondos para actuaciones que realmente aporten valor salud a las personas, ver post de 5 de noviembre), y creo que
además las necesitaremos las cuatro al mismo tiempo:
1. La medicina basada en la preferencia de los
pacientes (ver post de 27 de agosto)
Hay una informe de
una revisión Cochrane que afirma que cuando los pacientes tienen informaciones
contrastadas, al margen de su médico, tienen tendencia a elegir opciones
terapéuticas más conservadoras, dentro del abanico que se les ofrece para su
diagnóstico. Y, según algunos investigadores, con este método se puede esperar
hasta un 20% de reducción en algunas intervenciones quirúrgicas programadas.
2. El papel de las instituciones científicas en el
abordaje de la medicina basada en la evidencia
Las dificultades
en el ejercicio de la medicina comienzan en el gap existente entre la evidencia
científica y la realidad de la práctica asistencial. En este terreno hay un
eslabón perdido que provoca las sorprendentes variabilidades de la práctica
clínica y del consumo de recursos sanitarios. Por este motivo, en los últimos
tiempos se están observando iniciativas profesionales interesantísima (que ya
comentaré más extensamente en posts
posteriores), de las que destacaría "Do not do" de NICE en el Reino
Unido y "Choosing Wisely" de ABIM Foundation en los Estados Unidos.
3. Las reordenaciones organizativas centradas en
las necesidades de los pacientes
Las experiencias
que han roto moldes entre hospitales y primaria, o bien entre servicios
sanitarios y sociales, nos están marcando el camino a seguir, aunque ninguna de
estas experiencias, por sí mismas, no haya conseguido aún suficiente solidez
como para poderlas replicar y extenderlas de manera sistemática. A modo de
ejemplo quisiera citar el caso de la atención (y la prevención) de la diabetes mellitus
tipo II en la atención primaria del sistema español, un caso único en el mundo
(ver post de 17 de septiembre), y la
integración de la atención sanitaria y social de Torbay en Inglaterra para los
programas para la atención de personas mayores frágiles con necesidades
complejas (ver post de 29 de octubre).
El benchmarking tiene la fuerza de la
estadística comparativa, pero la debilidad, como método, que no puede, ni sabe,
entrar en el cor business. Es un
método muy útil, pues, cuando las desviaciones son muy evidentes, pero se
observa, en cambio, resistencia de los profesionales a admitirlas. Hay un
informe "Milliman Research
Report" que dice que si los hospitales norteamericanos más
derrochadores acreditaran las prácticas clínicas de los más contenidos, sólo
por este hecho, se podría esperar una reducción de los gastos entre un 12% y un
16%.
Bibliografía
Berwick D. What
"Patient Centered" Should Mean: Confesiones of an extremista. Health
Affairs 2009, 28 (4) :555-65.
Pyenson et al.
Imaging 16% to 12%, A Vision for Cost Efficiency, Improving Healthcare Quality,
and Covering the Uninsured. Milliman Research Report. February 2009.
El próximo lunes
10 de diciembre quiero hablar del informe que Iasist presentó la semana pasada
en Esade de Madrid sobre la evaluación de resultados de los hospitales
españoles según modelo de gestión. Si pueden no se pierdan la lectura del
documento. Se lo pueden bajar libremente de la página web de la compañía. En
este informe verán como con técnicas de benchmarking
se comparan resultados de los dos modelos organizativos predominantes en
España, el de gestión publica directa y el de gestión a través de contrato con
otros proveedores. Les avanzo que el trabajo de Iasist demuestra que si los
hospitales que ofrecen servicios públicos actúan con contrato y utilizan
instrumentos empresariales y contratos laborales son más eficientes que los de
gestión directa. Pero ya les anuncio que si no tienen suficiente tiempo para
leerse el informe, en el post de la
semana que viene los explicaré algunos detalles.
Ah! Y ya hace días
que les tengo a punto un post sobre la
espectacular transformación de las grandes instituciones psiquiátricas en el
mundo occidental ¿Qué se ha hecho de los manicomios? ¿Han tenido éxito los
programas comunitarios alternativos? ¿Se ha ido demasiado lejos? Pero creo que
esto se deberá esperar hasta el lunes 17 de diciembre.
lunes, 26 de noviembre de 2012
El derroche en gestión clínica según Berwick y Halvorson
Las opiniones de
Donald Berwick tienen gran repercusión en EEUU, no en vano, además de haber
sido durante un período corto Administrador de CMS, seguramente el organismo
sanitario público que mueve más presupuesto del mundo, fue muy reconocido en su
etapa como Presidente del Institute for
Healthcare Improvement. Berwick, y su colega Hackbarth, en este artículo de
JAMA publicado on line el 14 de
marzo, ponen en valor el despilfarro de recursos en EEUU. Dicen que los
recortes transversales no promueven cambios estructurales y que en cambio
pueden dañar servicios de calidad contrastada. Por este motivo, los autores del
trabajo se esfuerzan en indicar dónde está el derroche, es decir dónde hay
actuaciones que si se dejaran de hacer la calidad quedaría protegida, o incluso
podría mejorar.
Los autores creen
que los ahorros globales del sistema podrían estar en una franja que iría entre
el 21% y el 47%, pero si leemos el artículo con atención y rechazamos las
partes propias de las complejidades del sistema norteamericano, resulta que la
estimación que se hace del derroche debido a errores clínicos, defectos de
coordinación entre niveles asistenciales y sobretratamiento, estarían, como
se ha indicado en el gráfico anterior, en un valor medio del 13% y en un rango
que iría del 12 al 16%.
George Halvorson,
Presidente de Kaiser Permanente, publicó en 2009 el libro que se puede ver en
el gráfico anterior donde anuncia que no esperamos que el sistema sanitario se
reforme él mismo. En esta obra, Halvorson cita un trabajo que se centró en
patologías crónicas comunes y fue llevado a cabo por The Commonwealth Fund con más de 5 millones de registros. Pues
bien, el estudio concluye que las complicaciones potencialmente evitables
podrían llegar a ser del 25% del presupuesto sanitario. Por este motivo, el
autor del libro concluye que de los 3 trillones (americanos) de dólares del
presupuesto global de la sanidad americana, al menos medio trillón se malgastaría
en acciones clínicas que no aportan ningún valor a la salud de las personas, a
pesar de que, dadas las dificultades para recoger estos supuestos ahorros, el
autor admite que sólo que se lograra recoger la mitad de esta cifra, ya
bastaría para financiar la reforma del sistema que impulsa el presidente Obama.
A vueltas con
la ley de Sutton
ver posts "Atención a los crónicos: 10 reflexiones de Wennberg (I)" y "Sobreactuación terapéutica de final de vida: Hospital Care Intensity (HCI) Index"
ver posts "Atención a los crónicos: 10 reflexiones de Wennberg (I)" y "Sobreactuación terapéutica de final de vida: Hospital Care Intensity (HCI) Index"
Parece que
sabemos, más o menos, los volúmenes de los graneros y los tipos de grano que
almacenan, pero la pregunta entonces es: ¿cómo podemos recuperar los recursos
que atesoran estos enormes silos para poder llevarlos a alimentar acciones y
programas que supuestamente son más beneficiosos para la salud de las personas?
A mí se me ocurre
que hay cuatro aproximaciones posibles, y creo que además las necesitaremos las
cuatro al mismo tiempo, pero de eso hablaré en el post del próximo lunes 3 de
diciembre.
Bibliografía
Berwick D. What
"Patient Centered" Should Mean: Confesiones of an extremista. Health
Affairs 2009, 28 (4) :555-65.
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