viernes, 14 de enero de 2022

La transformación digital como nuevo determinante de salud

Elena Torrente
Hilo de Ariadna



El Ministerio de Sanidad ha publicado recientemente la Estrategia de Salud Digital del Sistema Nacional de Salud. El documento, muy alineado con la estrategia de la OMS y de la Unión Europea en esta materia, presenta tres grandes líneas de actuación: 

  1. Desarrollo de servicios sanitarios digitales orientados a las personas, a las organizaciones y a los procesos que integran el sistema de protección de la salud, con un enfoque de equidad. 
  2. Generalización al máximo de la interoperabilidad de la información sanitaria. 
  3. Impulso al análisis de los datos relacionados con la salud, sus determinantes y el sistema sanitario.

Las tres líneas parecen muy apropiadas dado el nuevo contexto de auge de la salud digital que la COVID-19 ha traído de la mano. 

El primer punto apela a la accesibilidad que permite la tecnología. La pandemia ha supuesto un antes y un después en el uso de la telemedicina en todo el mundo y se han generado, tanto en el sector público como en el privado, nuevos canales de acceso a los servicios sanitarios. En muchos casos con un razonable grado de satisfacción por parte de los profesionales, según apuntan artículos recientes como este y también por parte de los ciudadanos cuyas expectativas para seguir usando la atención virtual cuando termine la pandemia son altas, según dicho estudio.

El segundo punto aborda la interoperabilidad, es decir, la necesidad de adaptar los sistemas informáticos para garantizar el intercambio de información clínica entre sistemas sanitarios a escala nacional e internacional. Por último, se promueve el refuerzo del análisis de datos como vía para optimizar la toma de decisiones clínicas, la planificación y la gestión, algo que será clave en el futuro tal como analiza de forma magnífica Cristina Adroher en su reciente post.

Otro elemento que aparece en la estrategia y que me gustaría señalar es la participación de las personas en la gestión de su propia salud poniendo el énfasis en los estilos de vida y la prevención.

La contribución de la tecnología digital a la salud 

Son muchas las oportunidades que ofrece la tecnología para fomentar estilos de vida saludables, desde la creación y difusión de contenidos a escala global hasta los numerosos dispositivos, wearables y apps de salud que se crean diariamente. La tecnología debe aprovecharse como una herramienta más al servicio de las intervenciones de promoción de la salud y prevención de enfermedades, dado el potencial de personalización que conlleva. 

Sabemos que el comportamiento individual y los hábitos de vida conforman un importante determinante de salud junto a factores como la genética, el entorno y el contexto socioeconómico, entre otros. Recientemente, The Lancet and Financial Times Commission ha publicado un interesante informe (véase aquí) donde se plantea la necesidad de considerar las transformaciones digitales como un nuevo determinante de salud.

El artículo afirma que los determinantes sociales de salud, como la edad o el contexto socioeconómico, tienen una influencia directa en cómo se utilizan las tecnologías para cuestiones relacionadas con la salud y el bienestar. En este sentido, la utilidad de la salud digital depende claramente del nivel de alfabetización digital y en salud que tenga cada persona. Por otra parte, sabemos que el acceso a la tecnología y a fuentes de información contrastadas y de confianza es fundamental para la toma de decisiones que favorezcan hábitos de vida saludables. Durante la pandemia se ha puesto claramente de manifiesto cómo la tecnología influye en la confianza en los sistemas sanitarios, tanto en el sentido positivo (difusión de campañas de prevención de contagios en las redes sociales) como negativo (movimientos antivacunas, difusión de bulos…).

El informe concluye con cuatro áreas de acción para dar forma al futuro de la salud en un mundo digital:

  1. Consideración de las tecnologías digitales como determinantes de la salud cada vez más importantes. 
  2. Construcción de una arquitectura de gobernanza que genere confianza en la salud digital al otorgar derechos a pacientes y grupos vulnerables. 
  3. Recopilación y uso de datos de salud basados en el concepto de solidaridad de datos con el objetivo de proteger simultáneamente los derechos individuales, promover el potencial de bien público de dichos datos y construir una cultura de justicia de datos y capital. 
  4. Definición de estrategias de salud digital y hojas de ruta de inversión claras en todos los países, que ayuden a priorizar aquellas tecnologías que son más necesarias en los diferentes niveles de madurez de la salud digital.

Parece que sobre el último punto se han hecho ya los deberes en España, otra cosa será su puesta en marcha y la implantación por los órganos competentes en el territorio. Para todo ello, la activación de los fondos europeos Next Generation mediante el Proyecto Estratégico para la Recuperación y Transformación Económica (PERTE) para la Salud de Vanguardia para mitigar los determinantes de salud de origen digital será clave. 


Bibliografía

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