El sentimiento que más ha acompañado a la pandemia causada por el SARS-COV2 ha sido el miedo, miedo que además se ha amplificado por la baja capacidad de control ante los escenarios que se han ido produciendo, así como por una limitada capacidad de predicción de lo que va a suceder en el futuro. Ya se han analizado en profundidad las predicciones excesivamente optimistas que se hicieron en los comienzos, fundamentadas en sesgos cognitivos que sobreestimaban la evolución de la pandemia. Este miedo es más intenso y pone en mayor riesgo a las personas con enfermedades crónicas físicas o mentales, aquellas que tienen menor apoyo social y, en relación a las profesiones, todas las que trabajan en servicios esenciales y especialmente en el sector sanitario, entre otras causas por el temor a contagiar a sus familiares. Se han documentado casos en los que el miedo a la infección lleva a desenlaces tan terribles como el suicidio, incluso de personas que temían haber contraído la infección y la autopsia posterior la ha descartado.
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viernes, 6 de noviembre de 2020
viernes, 10 de julio de 2020
Las expectativas en salud influyen en el resultado
Nota de los editores: Este post fue publicado el 13 de marzo, pero debido al avance de la epidemia que se vivía en aquel momento, creemos que no mereció la atención habitual de nuestros lectores, por lo que hemos decidido darle una segunda oportunidad.
En la búsqueda de la mujer perfecta, Pigmalión se enamoró de su estatua Galatea. Tal era su deseo, según cuenta Ovidio en Las metamorfosis, que la estatua se convirtió en humana. Cuando se produce el efecto Pigmalión, las expectativas que tenemos influyen de tal manera en nuestro comportamiento que nuestra propia forma de actuar es precisamente la que provoca el resultado esperado. Nuestras propias creencias influyen también en otras personas y de esta manera buscamos que nuestras expectativas sean ciertas y se hagan realidad con conductas que tiendan a confirmarlas. Este efecto también se conoce con el nombre de "profecía autocumplida" y significa que haremos todo lo posible para que aquello que creemos que sucederá, finalmente se haga realidad.
lunes, 22 de julio de 2019
El apoyo emocional a los pacientes con cáncer, a propósito de la psicooncología
(Parte I)
En mi primer post, “Y a nosotros ¿cuándo nos toca?”, abordé la necesidad de impulsar la decisión clínica compartida en los trastornos mentales, a partir de ahora centraré mi interés en comentar la importancia que ha demostrado tener apoyo emocional en el diagnóstico y tratamiento del cáncer.
El diálogo clínico entre el médico y el paciente sobre el pronóstico y los cuidados del cáncer en fases avanzadas influye significativamente en como evalúa este tanto los beneficios como los efectos secundarios del tratamiento. También afecta a como pasa el tiempo en el que su vida finalizará y en como se adaptan los miembros de la familia a la enfermedad del paciente y a su muerte. Es muy importante detectar las diferencias personales en cuanto a la necesidad de recibir información. Frente a un pequeño porcentaje de pacientes que prefiere no ser informado, la mayor parte considera muy valiosa toda la información que recibe relacionada con su pronóstico y su tratamiento. El intercambio de información se produce en una relación entre el profesional y el paciente especialmente sensible, en la que tienen que manejarse en una comunicación de elevada carga emocional y en la que debe garantizarse que la información sea completamente comprendida. Es evidente que el paciente, con gran frecuencia, está ansioso, entre otros muchos factores, por las dudas sobre su pronóstico, la carga familiar que genera la enfermedad o por el resultado de las pruebas. Y estos elevados niveles de ansiedad afectan tanto a la relación interpersonal como al procesamiento de la información y de las decisiones adoptadas. Es por todo ello que la investigación en psicooncología nos aporta distintas herramientas para favorecer tanto el vínculo terapéutico como la comprensión sobre la enfermedad del paciente, tal como recoge esta reciente revisión.
lunes, 10 de octubre de 2016
¿Somos todos enfermos mentales? a propósito de Allen Frances
Allen Frances, psiquiatra profesor emérito de la Universidad de Duke (EEUU) dirigió el grupo de trabajo que elaboró el DSM-4 (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders). Sigo la actividad del autor, siempre crítica, y siempre documentada, en twitter (@AllenFrancesMD) y, desconocedor del entramado de la psiquiatría, una pregunta me empezó a dar vueltas por la cabeza. ¿Como podía ser que alguien que había liderado la cuarta edición del DSM, fuera ahora la voz más lúcida contra los excesos de la psiquiatría moderna? Si quería saber la respuesta, no tenía otro remedio, tenía que leer su último libro "Saving Normal. An insider's revolt against out-of-control psiquiatric diagnosis, DSM-5, big pharma and the medicalization of ordinary life". ("¿Somos todos enfermos mentales? Manifiesto contra los abusos de la psiquiatría" en la edición en castellano).
viernes, 14 de marzo de 2014
Para cambiar conductas, la persuasión no es el camino
Don’t Persuade Customers — Just Change Their Behavior http://t.co/K9QVUK7FhS
— Harvard Biz Review (@HarvardBiz) febrero 10, 2014
El tweet de Harvard Business Review nos remite a su propio blog donde encontrarán un post firmado por Art Markman, profesor de la Universidad de Texas y autor del libro "Smart Thinking" que trata de temas tradicionales del marketing sobre cómo lograr cambiar actitudes y en definitiva vender más, y por este motivo lo primero que he pensado al leer el post promocional del libro ha sido que estos son asuntos propios del mundo comercial, tan lejos de la gestión clínica, y que por tanto debería buscar otro tweet para comentarlo esta semana. Pero entonces le he dado otra vuelta y de repente le he encontrado un interés en el enfoque que el autor hace del tema.
Me explico: en nuestra formación como médicos (también vale para las enfermeras) aprendemos a manejar fármacos u otras técnicas terapéuticas. Esto forma parte de lo que se supone que debemos saber, aunque también se nos cuenta, como de pasada, que para la salud de las personas aún más efectivo que curar es tener la capacidad de influir en los determinantes de la salud, aunque, curiosamente, para este aspecto no recibimos ningún tipo de preparación. Fíjense que cuando, en una consulta, estamos ante una persona con hábitos poco recomendables, la técnica que más practicamos es la persuasión, que como bien saben los psicólogos, a la larga es muy poco eficaz.
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