lunes, 30 de diciembre de 2019

¿Nobel de Economía o traficante de órganos?







Como bien sabrán nuestros lectores, España es líder mundial en número de donantes de órganos per cápita (cerca de 50 por cada millón de habitantes) y lo es desde hace más de 25 años. La aceptación social y la solidaridad de los ciudadanos se ven correspondidas por un efectivo sistema de trasplantes que ha superado las 5.000 intervenciones anuales.

Una parte importante de este éxito proviene de que en España, cuando fallecemos, todos somos donantes de órganos "por defecto", si no hemos manifestado lo contrario. Si alguien tiene algún inconveniente en ser donante, es extremadamente sencillo dejar de serlo. Lo puede dejar dicho por escrito o comunicárselo verbalmente a un familiar. Los médicos aceptarán la palabra del familiar como evidencia válida del deseo de no ser donante. Sin embargo, en otros países como Estados Unidos o el Reino Unido (25 y 16 donantes por millón de habitantes, respectivamente), para convertirse en donante hay que realizar un mínimo trámite. En Estados Unidos basta con escribirlo uno mismo en el reverso del carnet de conducir. En el Reino Unido hay que pasar por la administración, pero el coste de hacerlo es tan mínimo que es difícil creer que las diferencias en las tasas de donación puedan atribuirse a diferencias de solidaridad entre estos países y el nuestro. Como he comentado en alguna ocasión hablando del Premio Nobel de Economía 2017, Richard Thaler, parece más bien que la existencia de la opción jurídica “por defecto” tiene una importancia enorme en que se produzca o no la donación y, por lo tanto, en la proporción de donantes de la población.

Sorprende que en un país que se siente tan orgulloso de la solidaridad de sus habitantes-donantes y de la efectividad de su sistema de trasplantes se produzcan noticias como la que dio Alvin Roth, premio Nobel de Economía 2012, al afirmar que la Organización Nacional de Trasplantes lo acusó, en 2018, de intentar crear una "red de tráfico de órganos", que se enorgulleció de vetar en instancias europeas. ¿Cómo es posible que la Academia Sueca otorgue el Nobel a Roth por desarrollar una "teoría de asignación estable de recursos y la práctica del diseño de mercados", aplicada especialmente a la creación de un mecanismo de intercambio cruzado para el trasplante de riñón, y que una organización tan prestigiosa como la ONT lo acuse de ser un traficante? Entendamos bien la propuesta de Roth para después intentar explicar la actitud crítica de la ONT.

Quienes necesitan un trasplante de riñón se enfrentan a la perspectiva de una larga estancia en diálisis a la espera de recibir un trasplante procedente de un donante cadáver compatible. Una alternativa, puesto que tenemos dos riñones, consiste en la posibilidad de disponer de un familiar o amigo cercano que pueda convertirse en donante vivo compatible para poder efectuar el trasplante y reducir la espera, reduciendo también los efectos secundarios de la diálisis y su enorme coste económico para el sistema. El problema ocurre cuando el familiar, y potencial donante, no es compatible. Ante esta eventualidad, si dos pacientes necesitaran un trasplante y cada uno dispusiera de un donante no compatible con él pero sí con el otro, habría mucho que ganar organizando un sistema de coordinación que permitiera intercambiar los respectivos donantes. Esta fue precisamente la idea teórica que contribuyó a que Roth ganara el premio Nobel. Pero Roth fue más allá y desarrolló un algoritmo que permite determinar el número de emparejamientos posibles maximizando el número de trasplantes. Se estima que su mecanismo optimiza las economías de escala cuando se llegan a conectar hasta 300 potenciales donantes de órganos. Roth no se quedó en la teoría, sino que ha pasado a la praxis y lleva años abogando por la extensión de grandes cadenas de trasplantes intervivos en Estados Unidos. Habla, por ejemplo, de experiencias reales de cadenas de hasta 20 donantes interconectados simultáneamente. Dada la importancia del tamaño potencial del pool de donantes, la última propuesta de Roth consiste en extender sus experiencias dentro de un mismo país al ámbito internacional, puesto que el donante compatible no tiene por qué ser del mismo territorio que el paciente a trasplantar. Esto es lo que ha provocado el rechazo frontal de la ONT en España y su paralización en Europa.

Parte del problema surge del escepticismo de la ONT ante las dificultades de coordinación entre distintos países con sistemas sanitarios complejos y muy diferentes entre sí. Puesto que no todos los países cuentan con un sistema de cobertura sanitaria público, ¿cómo compensar a los donantes de un país no cubierto por los costes sanitarios necesarios (y mucho menor que los de mantener a los pacientes en diálisis) posteriores a la donación y el trasplante? Así pues, aunque no se estén proponiendo transferencias monetarias por "vender un órgano", ¿hasta qué punto la compensación de costes sanitarios no supone "la creación de un mercado internacional de tráfico de órganos"?

En el momento en que se introducen "compensaciones" en un mecanismo de asignación se está creando un "mercado". Y dicho mercado puede considerarse "repugnante" si una masa social suficientemente grande se opone a su existencia, incluso aunque no sea partícipe activa del mismo. Existen tres razones por las que un mercado puede ser considerado repugnante: 1) La cosificación del cuerpo humano. 2) La posible coerción implícita por la que un individuo de baja renta se pueda ver interpelado por necesidad económica a comerciar con su cuerpo. 3) El argumento de la bola de nieve (slippery slope), según el cual una vez se autoriza un tipo de comercio se terminan permitiendo situaciones aberrantes.

La ONT española considera que los tres tipos de razones están presentes en la propuesta de Roth. Sin embargo, existen diferencias culturales enormes entre países respecto a estas consideraciones y, hasta cierto punto, nos puede parecer preocupante que la moral española haya frenado, ante 28 países, el desarrollo de una idea que podría beneficiar a muchos pacientes y abaratar la carga económica de mantenerlos en diálisis de forma prolongada. Para resolver este problema sería deseable un debate público y serio que clarificase los intereses específicos de una ONT que ha basado su prestigio en la efectividad demostrada en los trasplantes provenientes de donantes fallecidos y no tanto en los trasplantes cruzados y, aún menos, intervivos. Resulta asimismo excesivamente ingenuo abstraerse de las enormes dificultades que supondría controlar a escala internacional que no se explotara a los pacientes y no se acabaran fomentando realmente las desigualdades entre países ricos con pacientes (y donantes) cuyas necesidades estuvieran plenamente cubiertas y países pobres con donantes (y pacientes) de los que se sacara ventaja.

3 comentarios:

  1. https://www.redaccionmedica.com/opinion/cuidado-con-los-nobel-de-economia-3777

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