lunes, 19 de noviembre de 2018

Las urgencias y los ancianos







Reflexiones (y propuesta) ante la inminente crisis invernal de urgencias

@varelalaf
Si no se hace nada, cada día que pase las personas vulnerables irán más a urgencias porque su pluripatología, la presencia de ciertos síntomas de difícil gestión desde casa o la debilidad de su entorno hacen que las llamadas al 061 sean cada vez más frecuentes. Y así es como los servicios de urgencias de los hospitales se convierten en los campos de refugiados de los sistemas sanitarios. Un ensayo clínico llevado a cabo en 24 hospitales franceses, que incluyó más de tres mil personas mayores de 75 años en situación clínicamente crítica, demostró que los centros más proclives a ingresar personas mayores en unidades de críticos, además de no reducir su mortalidad a largo plazo, tampoco les mejoró su capacidad funcional ni su calidad de vida.

A pesar de que hay personas mayores, o incluso muy mayores, que se pueden beneficiar de un ingreso en una unidad de críticos, en general las urgencias y las UCI no parecen lugares muy recomendables para las personas frágiles y, por tanto, habría que desplegar todas las estrategias posibles para reducir los ingresos a los casos estrictamente justificados. Admitiendo que a veces las idas a urgencias tienen mucho sentido, como cuando se ha producido una caída o ha aparecido un dolor torácico, lo más razonable es que cuanto menos acudan, mejor. ¿Cómo evitar, pues, los viajes evitables? Según el NHS inglés, el número de ancianos mayores de noventa años que habían ido a urgencias había aumentado en un 60% en el periodo 2010-2016, una tendencia alcista preocupante dado que una muy buena parte de ellos requerían algo más que radiografías, oxígeno y sueros. Los servicios de urgencias son muy efectivos ante las emergencias o las urgencias, pero en cambio no tienen respuestas apropiadas para las descompensaciones socio-sanitarias de las personas muy mayores o en fase avanzada de enfermedades crónicas u oncológicas.

Sir Bruce Keogh, ex-Director médico nacional del NHS, en unas declaraciones a The Telegraph, introdujo la idea de la contención externa, es decir, hacer todo lo posible en el entorno domiciliario para evitar que cualquier situación crítica o delicada de una persona frágil no acabe dentro de una ambulancia. La propuesta es de lo más interesante, pero ¿cómo hacerlo? Mi recomendación es que los sistemas de emergencias y los servicios de urgencias definan el "código fragilidad", al igual que lo han hecho tan brillantemente con otros códigos. Para la definición de este nuevo código sería necesario un acuerdo previo con la atención primaria y los servicios sociales comunitarios sobre las respuestas más apropiadas de acuerdo con una evaluación integral de cada paciente, además de contar con la colaboración de todos los recursos sociales y sanitarios disponibles en cada territorio. Por lo tanto, el "código fragilidad" debería ofrecer una variante de respuestas multi-institucionales de acuerdo con cada realidad local.

No hay ninguna solución mágica al exceso de idas a urgencias de los ancianos, pero mientras no llega un ansiado cambio de modelo, hay que evitar que una llamada equivalga automáticamente a un traslado, y es en este punto donde el "código fragilidad" podría ser un instrumento valioso.


Jordi Varela
Editor

2 comentarios:

  1. No me queda claro quien activaria el "codigo fragilidad" y con que recursos contaria, además no creo que el sistema actual este para muchos cambios cuando no somos capaces de dar respuesta a las llamadas y derivando la mayoria de veces al 061 lo que conlleva derivaciones a urgencias, en definitiva un nuevo año de alta ocupación en las Urgencias.

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  2. Totalmente de acuerdo con el artículo, se ha de crear más redes hacia la hospitalización a domicilio y dotar de más recursos.

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