viernes, 26 de octubre de 2018

Escapar de la burbuja biomédica









Una de las citas más recurrentes en gestión clínica es el concepto porteriano de valor en salud, que debe establecerse en función del interés del paciente y no del resto de agentes, léase profesionales, gestores, investigadores, administración, industria biomédica, etc. Según este concepto, el propósito último de la investigación y la innovación en salud debería ser proporcionar el máximo beneficio a los pacientes y la sociedad. Sin embargo, tal como comentaba en mi última entrada en este blog, a menudo las prioridades de la investigación y las necesidades reales de los pacientes y de la sociedad van por caminos distintos.

Theresa May ha anunciado este año el compromiso, para 2027, de dedicar el 2,4% de PIB del Reino Unido a I+D, lo que supone una cifra nunca vista y una gran oportunidad para el sector salud, que es uno de los más potentes de la industria británica. Para hacerse una idea de la magnitud de dicho compromiso conviene saber que, según datos de EUROSTAT, Europa, el Reino Unido y España dedicaron en 2016 el 2,03, 1,69 y 1,19% del PIB, respectivamente, a R+D.


A pesar de ello, Richard Jones y James Wilsdon afirman en su informe The biomedical bubble. Why UK research and innovation needs a greater diversity of priorities, politics, places and people que en el pasado la I+D en salud sufrió diversos sesgos que la habrían desviado de su objetivo primordial y proponen una revisión de sus prioridades y sus políticas para recuperar el equilibrio perdido ante esta gran oportunidad.

Según el informe, de lectura muy recomendable, en los últimos años los resultados de la inversión de fondos públicos en I+D del sector salud no han sido los esperados:

  • La inversión está excesivamente centrada en aspectos biomédicos relacionados con la biotecnología y la industria farmacéutica, y no tanto en otros determinantes de la salud más importantes en la actualidad como la modificación de los comportamientos, los aspectos sociales o los medioambientales, que tienen un impacto mucho mayor en la salud y el bienestar de las personas.
  • El retorno social de la inversión de fondos públicos, tanto en resultados económicos como en empleo generado por la I+D del sector biomédico, se ha reducido drásticamente en los últimos años.
  • Los fondos se concentran en áreas muy concretas del país generando también un problema de inequidad y desperdicio del talento de los investigadores que queden, en su caso, fuera del llamado triángulo de oro formado por Oxford, Cambridge y Londres.
  • Las prioridades de la inversión obedecen a menudo a la búsqueda del éxito académico de los investigadores individuales más que a las necesidades reales, lo que supone una nueva fuente de desperdicio de los fondos y de ineficiencia.

En otras palabras, la fuerte inversión pública realizada no ha tenido el impacto deseado en la salud y el bienestar de la población, ni tampoco en la prosperidad de la sociedad.

Según Jones y Wilsdom, “Esta burbuja biomédica distrae la atención y los recursos de otras maneras seguramente más efectivas de mejorar la salud y el bienestar de los ciudadanos”. Proponen aprovechar la oportunidad que brinda el nuevo impulso a la inversión anunciado para desinflar la burbuja y reequilibrar el sistema poniendo un mayor énfasis en las áreas que clásicamente han estado infrafinanciadas, más relacionadas con los determinantes sociales, digitales, medioambientales y globales de la salud, e incorporando a su vez una nueva perspectiva de mayor diversificación y pluralismo en el establecimiento de las nuevas prioridades.

Seguramente esta imagen no es exclusiva del caso británico y podría aplicarse a cualquier otro país de nuestro entorno, pero el pasado 3 de mayo se anunció el lanzamiento oficial del UK Research & Innovation (UKRI) con el titular “Equilibrio y efectividad del gasto en Investigación e Innovación”. Este organismo integra los siete research councils preexistentes y será el responsable de administrar un presupuesto de más de 6 billones de libras actualmente, y más en el futuro, destinado a I+D, así como de establecer las prioridades y dotar de coherencia a las políticas de investigación para obtener el máximo retorno para la sociedad y las personas en el Reino Unido en los próximos años. En su documento estratégico, el UKRI se compromete a revisar las prioridades abriendo un debate inclusivo, transparente y basado en la evidencia.

Nuevos tiempos implican nuevos retos en salud y adaptar el modelo de atención a los pacientes no es suficiente. Es necesario también abordar la transformación del modelo de I+D para conseguir que la inversión proporcione el retorno esperado en salud a las personas y en prosperidad a la sociedad. Las expectativas son altas y el reto es complejo, pero estaremos atentos a como afronta el UKRI las dificultades que supone escapar de la burbuja biomédica en la que no solo el Reino Unido, sino toda la sociedad occidental está inmersa. 

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