lunes, 26 de septiembre de 2016

Revisión histórica (Capítulo 4)











El acto asistencial nunca antes había sido objeto de estudio hasta que Avedis Donabedian sentó las bases para evaluar la calidad asistencial. Años más tarde el Instituto de Medicina norteamericano planteó una estrategia para protocolizar al máximo los procesos clínicos más frecuentes. En la década de los ochenta, National Institutes of Health empezaron a financiar programas de consenso entre clínicos para dictaminar sobre la adecuación de ciertas innovaciones, como el uso de la laparoscopia, o sobre indicaciones no suficiente investigadas, como la cesárea electiva.

En 1992, un grupo de epidemiólogos de la Universidad McMaster en Canadá, encabezados por Gordon Guyatt, plantearon una nueva metodología para conseguir que los hallazgos de la epidemiología clínica llegaran al consultorio. Posteriormente, en 1995, David Sackett desarrolló las bases de lo que fue bautizado como medicina basada en la evidencia.

El nuevo milenio se estrenó con sorpresa, el Instituto de Medicina norteamericano acababa de publicar el informe "To err is human" que ponía al descubierto las carencias de la práctica clínica en Estados Unidos. A partir de aquel momento, dada la gravedad de los datos, todos los gobiernos del mundo tuvieron que poner en marcha programas, como el check list quirúrgico, para garantizar la seguridad de los pacientes.

Y ustedes se preguntarán: ¿Cuál será la aportación del segundo decenio de este siglo a la gestión clínica? No lo duden, el valor de la práctica clínica es nuestro nuevo reto.

Si desean formarse mejor para afrontar los nuevos retos asistenciales, su curso es "Gestión Clínica: bases, avances y retos", un curso online de autor que surge del pensamiento del blog Avances en Gestión Clínica.

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