Según la Comisión de Salud y Cambio Climático de The Lancet, la mayor oportunidad en salud del siglo XXI es una adecuada respuesta ante el cambio climático (1). He de confesarles que, de haber sido preguntada, seguramente yo hubiera contestado que la próxima revolución en salud sería tecnológica, probablemente relacionada con la medicina personalizada, la impresión 3D o la salud electrónica.
Pensamos así porque damos por descontado que los logros en salud son irreversibles y que el cambio climático no es un problema sanitario. Sin embargo, lo cierto es que el cambio climático antropogénico amenaza los avances conseguidos en salud pública de los últimos cincuenta años. La Organización Mundial de la Salud atribuye ya una cuarta parte de la carga de enfermedad y muerte en el mundo actual a los factores medioambientales y, de seguir así, puede producir un grave impacto sobre la salud en cualquier región del planeta en los próximos cincuenta años.