

Hace unos meses,
Josep Maria Monguet publicó un post en este mismo blog sobre la medicina low cost en la India, y en esta línea me ha parecido interesante
comentar
un artículo de Atul Gawande en The New Yorker con unas
reflexiones comparativas entre la medicina y las cadenas de
restaurantes. "En la medicina, dice Gawande, intentamos proveer
una gama muy amplia de servicios a millones de personas a costes
razonables y a un nivel de calidad aceptable, pero la realidad es
otra: los costes no paran de aumentar, el servicio que ofrecemos es
mediocre y la calidad irregular. Cada médico tiene su propia manera
de hacer las cosas y las variaciones en los resultados, incluso
dentro de un mismo centro, son inexplicables.
Dave Luz, el
gerente regional de Cheesecake Factory en el área de Boston, explica
a Gawande que su madre, con Alzheimer avanzado, el otro día tuvo una
caída en casa y la llevaron a urgencias, donde los médicos la
visitaron, le hicieron varias pruebas y la dejaron toda la noche en
observación. Luz recibió tres tipos de explicaciones: de los médicos
de urgencias, del internista de la sala de observación y de un
especialista, y no fueron precisamente coincidentes. Enseguida se dio
cuenta de que allí no había un plan. A la mañana siguiente, una enfermera
les dijo que su madre estaba bien y que le prepararían el alta, pero debido a que la enfermera encargada estaba desayunando, tendrían que
esperar, y aquel proceso, aparentemente burocrático, se prolongó
hasta la tarde porque no encontraban el médico que tenía que hacer
el informe de alta y, para acabarlo de arreglar, a la hora de vestir a la madre, la auxiliar se hizo la escurridiza y Luz tuvo que
arreglárselas solo. Con los papeles del alta iba la programación
de una visita de control para recoger los resultados de los
urinocultivos y otra para ir a ver un neurólogo. Un par de semanas
más tarde, el neurólogo, tras una exploración que duró un par de
minutos, pidió nuevas pruebas (por cierto algunas coincidían con
las que se habían hecho en urgencias) y recetó unos medicamentos
que, una vez preguntado, él mismo admitió que no servirían para
nada. Dave Luz dice que este tipo de desorganización entre
profesionales y circuitos, esta falta de plan global, se la ha
encontrado en todas partes donde ha tenido que ir para acompañar a
su madre a recibir cuidados médicos.