viernes, 15 de mayo de 2020

Volver a la normalidad (en la asistencia sanitaria)






Image by Gerd Altmann from Pixabay
Ahora que estamos empezando a notar, en relación con la pandemia por COVID-19, una disminución en la presión que sostenidamente mantiene el sistema, surge la necesidad de reflexionar sobre cómo “volver a la normalidad” en la asistencia sanitaria y también, en lo posible, a la vida de antes. En lo sanitario –y como trabajador de la salud–, me surge la inquietud de si debemos volver a lo que teníamos antes o no. ¿Sería buen momento para aprovechar la experiencia aprendida y dar una vuelta al sistema de salud?


Tal vez nuestras instituciones no son tan buenas como pensábamos y la crisis por el COVID-19 ha revelado la verdadera naturaleza del sistema, con sus limitaciones y deficiencias. Aunque también ha puesto de manifiesto la existencia de una corriente extraordinaria de trabajadores y profesionales de la salud, inspiradores y solidarios, y su capacidad de ser más eficientes y resilientes en un entorno terriblemente complejo y difícil para todos.

Tampoco debemos olvidar que habría que tener en cuenta el papel de los pacientes y del resto de la sociedad en los siguientes pasos que vayamos a dar. Son muchas las deficiencias en materia sociosanitaria que han visto la luz en esta crisis, en ocasiones con particular crudeza, y es buen momento también para abordarlas.

Muchas son las lecciones aprendidas, que ya comentaba nuestro compañero internista Javier Rascón estos días en las redes sociales. Me remito a señalar algunas de ellas.

El poder de los equipos multidisciplinares cuando diferentes perfiles profesionales confluyen y aportan de igual a igual, con un mismo propósito compartido: salvar vidas, cuidar y curar a las personas. Las redes sociales están llenas de testimonios sobre esta experiencia que deberíamos analizar, tanto desde la perspectiva de los profesionales (como refería Jacobo Cabañas, cirujano y oncólogo), como desde la de los directivos (como expresaba Julio Mayol).


El poder de la tecnología, que ha llenado el vacío y la soledad de los pacientes y ha servido de apoyo a los profesionales en nuestras tareas, compartiendo experiencias y facilitando la comunicación entre nosotros, los trabajadores del conocimiento.

El poder de la empatía, lidiando con la tragedia humana como primera prioridad, aprendiendo de los demás y agradeciendo su trabajo, cuidando a los pacientes, pero también a nuestros compañeros y a nuestras familias; reconociendo los desafíos personales y profesionales de los trabajadores de la salud. El poder de la resiliencia, de la innovación, de la búsqueda de lo positivo, que nos mantiene activos para resolver las dificultades, para buscar un futuro mejor, en definitiva, para intentar hacer lo correcto.

Las organizaciones han cambiado en horas gracias al impulso de los profesionales y de los directivos. Lo contaba muy bien nuestro compañero internista Miguel Marcos. Esta experiencia debería ser evaluada, valorada y aprovechada ahora que tenemos que intentar “volver a la normalidad”.


Desde mi perspectiva, “volver a la normalidad”, junto con las pautas de los equipos directivos, debería de tener presente la experiencia de los trabajadores de primera línea y el alcance de sus actuaciones, que seguro han sido de calado estos días al evitar que “nuestro barco” vuelque. Escuchar sus impresiones y facilitarles herramientas para arreglar este roto. Priorizar soluciones debe tener un ámbito bidireccional donde los profesionales que trabajan en las trincheras puedan devolver a las instituciones todo su potencial en la resolución de dificultades y donde estas liberen a sus trabajadores más valiosos de las cadenas de la burocracia y la jerarquía.

Las instituciones deben aprovechar las fortalezas que hemos demostrado durante esta crisis para seguir trabajando en una atención sanitaria que sea cada vez mejor para las presentes y futuras generaciones. Mantener el sentido de urgencia y la agilidad en las organizaciones es un elemento de extraordinario potencial para obtener rendimientos y resultados poderosos, tal como comenta el economista John P. Kotter. Dejar al margen las ocurrencias y aprovechar el conocimiento de los sabios para facilitar, como indica Xavier Marcet, una gestión por misión. Y yo añado, reforzar el liderazgo y el trabajo en equipo para que dé respuestas lo más efectivas posibles. No solo necesitamos un plan predefinido, sino desarrollar comportamientos y mentalidades que impidan una reacción desproporcionada ante las adversidades y nos ayuden a mirar hacia el futuro.

Organizarse para esta vuelta a la normalidad requiere seguir potenciando las redes y los equipos multidisciplinares. Es necesario involucrar a todos los actores que participan sin excepción: los pacientes y todos los trabajadores de la salud. Los directivos pueden movilizar mejor a sus organizaciones estableciendo prioridades claras y capacitando a otros para descubrir e implementar soluciones que sirvan a esas prioridades. La colaboración, el intercambio de información, la transparencia, la distribución de autoridad, promover la seguridad psicológica, en contrapartida de nuestro instinto natural de establecer silos, consolidar el poder y controlar la información. A medida que ha evolucionado la crisis han surgido en las instituciones nuevos líderes que han dado su respuesta de forma natural en los planes de contingencia. Es momento de empoderar a las personas para seguir tomando decisiones y poder avanzar, en lo posible, con mayor seguridad.

¿Y dónde priorizar? Potenciando la atención primaria. Como dice Rafael Bengoa, ha sido lógica la focalización en los hospitales como centros de cuidados, pero ahora es tiempo de facilitar un control más local y trabajar en un modelo de atención centrado en la persona, pero también en la comunidad. Repensar el modelo de atención a los mayores y a los crónicos en este contexto que estamos viviendo debería ser una de las primeras acciones, sobre todo cuando estamos reflexionando sobre cómo darles respuesta sanitaria reglada, ahora que ha bajado la presión de las infecciones por SARS-CoV-2. El reto está en los domicilios y en actualizar el modelo de las residencias con el objetivo de preservar la continuidad del proyecto vital de quienes están ingresados en ellas.

Los nuevos riesgos deben justificar la reconsideración de los estándares habituales de atención, protegiendo a los cuidadores y preservando la capacidad de atención en las urgencias. La telemedicina, en tiempos y en recursos, es un elemento que se debería seguir potenciando, al igual que los cambios en la atención presencial que obligaran a modificar nuestros espacios y tiempos. Si queremos mantener una atención de alta calidad nos espera un reto, una ingente tarea, un nuevo esfuerzo para ajustarnos a la situación. Y debemos considerarlo como una oportunidad para cambiar, para ser mejores, para avanzar y adaptarnos a este nuevo paradigma.

Suenan los aplausos de las ocho. Nos lo está pidiendo la sociedad y los profesionales se están adelantando en las redes sociales, dando ya ideas para dar respuesta a esta coyuntura. Tendremos que tomar decisiones difíciles, pero hacerlo de forma cuidadosa, amable y transparente seguro que contribuye a que nuestros pacientes se sientan mejor atendidos y pierdan el miedo a buscar atención sanitaria cuando la necesiten. ¿Te apuntas?

Desde estas líneas te animamos a participar en un canal de trabajo para poder compartir inquietudes, ideas y experiencias, a través de la plataforma SLACK, en el espacio “volvernormalidad”. Si estás interesado, escríbenos por favor a la siguiente dirección de correo: ignaciovallejom@gmail.com



Nacho Vallejo
Internista. Servicio de Medicina del Hospital San Juan de Dios del Aljarafe

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