lunes, 13 de enero de 2020

Agricultura social








En esta sección hemos hablado de los beneficios que suponen para la comunidad y la salud pública cosas tan diversas como incluir la salud en todas las políticas de los gobiernos, tener agentes de salud comunitaria, implementar servicios de telemedicina o utilizar las farmacias de barrio o los mercados públicos para efectuar acciones sociales y comunitarias. Continuando en esta línea, quisiera explicar otra iniciativa encaminada a potenciar las capacidades con las que cuentan las comunidades como, por ejemplo, la agricultura y las granjas sociales. La agricultura social es la práctica que consiste en participar  en explotaciones agrícolas familiares como forma de servicio de apoyo social. Como contraprestación, los agricultores tienen oportunidad de aumentar sus ingresos mediante el desarrollo de la prestación de servicios sociales, con lo que aprovechan todavía más sus habilidades agrícolas. Los participantes pueden acudir a la granja de uno a cinco días por semana. Cada granja social es única y ofrece un programa propio de actividades y oportunidades. Del mismo modo, los participantes confirman las actividades en las que desean participar.


Conocí personalmente a la familia propietaria de la granja Dolan, en el suroeste de Fermanag (Irlanda), hace unos meses y me explicaron su experiencia de granja social. Esta granja con 150 años de historia ha sido siempre propiedad de la familia Dolan, formada actualmente por Malachy Dolan, su esposa, la médica de familia Miriam Dolan, y sus tres hijos. La finca no es una granja especializada en el tratamiento de personas con problemas mentales y sociales, sino que sigue funcionando más bien como una granja tradicional, pero las personas que necesitan apoyo pueden beneficiarse de la participación en las actividades de la explotación en un entorno no clínico, tal como me dijeron los propietarios: “Queremos ser un activo comunitario más”. Por otra parte, esta experiencia contribuye a conectar a los agricultores con las comunidades locales mediante la apertura de sus explotaciones como parte del sistema de apoyo social de la comunidad. 

La granja produce carne de oveja y ternera orgánicas, pero además los viernes la familia ofrece un nuevo servicio de acogida de usuarios con necesidades especiales, derivados de los servicios sociales locales, para que les ayuden en la granja. Las ayudas pueden ser alimentar al ganado, cortar la hierba, reparar pequeños desperfectos, acompañarlos a ver al comerciante de piensos o ayudar al veterinario cuando visita al ganado de la granja. Las familias de los participantes en la experiencia explican que estos esperan el viernes durante toda la semana. Los Dolan reciben una compensación económica por el compromiso de proporcionar el servicio, pero ellos siempre dicen que la satisfacción que obtienen a cambio vale mucho más que el dinero. Actualmente, seis familias más ofrecen este servicio en Irlanda del Norte. 

La Universidad de Wageningen, una pequeña ciudad holandesa, ha estudiado los efectos de las granjas sociales en los participantes demostrando que son beneficiosas para jóvenes con problemas de comportamiento, personas con problemas de salud mental y adicciones, así como personas de edad con demencia. En estos grupos de población se ha visto que la actividad en las granjas sociales disminuye el consumo de medicamentos, aumenta la concentración y la actividad física y, además, contribuye a mejorar la dieta. Como valor añadido, interactuar con la comunidad también los ayuda y favorece la convivencia.




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