miércoles, 25 de marzo de 2015

El camino de la excelencia



Nos podemos plantear si somos buenos profesionales o nos hemos acomodado demasiado. Si somos buenos trabajadores o podemos hacer mucho más. Si tratamos bien a nuestros empleados o bien si nos toman el pelo. En este caso, ¿les podemos exigir más? ¿Cómo les planteamos que pueden hacerlo mejor?

Whiplash ha sido una de las películas mejor valoradas de la temporada. La historia de Andrew, joven ambicioso que quiere llegar a ser el mejor baterista de jazz, que se inscribe en la mejor escuela de Nueva York (del mundo!) y que tiene que enfrentarse a un profesor que le exige todo lo que puede dar y más. Whiplash nos muestra el camino de la excelencia asumido por maestro y pupilo. Sin embargo pienso que está muy alejado de lo que habría que plantear en nuestras organizaciones.




Con ciertas similitudes, en "El sargento de Hierro" (Heartbreak Ridge, C. Eastwood, 1986) Chazelle va presentando una serie de enfrentamientos entre dos personalidades similares. Aunque el joven está sometido a continuas amenazas y agresiones por parte de su superior, ambos van en busca de la mejor interpretación. Para Fletcher, el director de orquesta, las dos peores palabras son "Buen trabajo", dado que pueden frenar la evolución de los mejores hacia la excelencia. Para Andrew, el éxito se debe buscar a cualquier precio. Con alternancia de planos cortos y largos, insertos de baquetas, dedos llagados, sudor, saliva y sangre, rostros crispados, un travelling lateral sobre la banda, Chazelle hace un crescendo hacia una notable secuencia final.

El argumento, sin embargo, se limita a plantear un dilema ético, cuya resolución es dudosa. ¿Hasta qué punto hay que exigir la excelencia? ¿Cuál es el mejor método para obtenerla? ¿Cualquier medio es válido? Dice Fletcher que si alguien es realmente bueno, no se detendrá hasta lograr el triunfo, sean cuales sean las adversidades. La resolución deja de lado el cuestionamiento moral que antes se ha formulado. Y, a pesar del brillo cinematográfico, no podemos dejar de pensar en el error que puede ser esta estrategia para la formación profesional, lo negativa que puede resultar para la formación del equipo o cuán contraproducente puede llegar a ser para el establecimiento de un liderazgo constructivo. En la tensión entre la búsqueda de la excelencia individual y el desarrollo de toda la organización, entre la exigencia y el reconocimiento del esfuerzo necesario, hay que ajustar los objetivos a la realidad para ir avanzando de manera progresiva. Recordemos que no somos artistas ni deportistas de élite sino que formamos parte de equipos de trabajo. Y para mayor aclaración siempre podemos preguntar a las nadadoras de sincronizada qué piensan!

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