miércoles, 6 de junio de 2018

¿Es necesaria la formación en habilidades de humanización para los profesionales sanitarios?

Gabriel Heras

Si hiciéramos esta pregunta a cualquier persona que visita un centro de salud, un hospital o cualquier espacio donde se presta una relación de ayuda, lo tendría claro. Y quizás si el lector recuerda aquel día que fueron a urgencias, por ejemplo, también.

La humanización de la asistencia sanitaria es trending, y con orgullo y satisfacción —como diría aquel— me siento absolutamente responsable y afortunado por haber prendido la mecha ya hace más de cuatro años. También soy absolutamente consciente de que no inventé la rueda y de que generar conciencia es de las cosas más difíciles que se pueden hacer. Nada cambia si uno no cambia, y yo lo aprendí a través de la comprensión del sufrimiento de los demás en mis propias carnes. El ser humano es así: por mucho que te cuenten, la experiencia es un grado y, si vives para contarlo…, una oportunidad de aprendizaje.

Pero esto de la humanización no es nuevo, y su estudio es casi tan intrínseco al ser humano como las otras importantes preguntas existenciales. Pero claro, como somos humanos, es más fácil la crítica que el estudio, cuesta mucho menos esfuerzo opinar sin conocimiento que profundizar y aprender. Y la verdad es que es una pena, porque aquellos que vocean se pierden un viaje apasionante. Un viaje en búsqueda de la excelencia como seres humanos, que nada tiene que ver con el buenismo, por cierto. Un viaje hacia dentro para conectarse con la propia felicidad y dar lo mejor hacia fuera. Casi nada.

¿Quién no apostaría por la excelencia? Si usted fuera gerente, lo tendría claro (al menos lo diría, aunque muchas veces quizás la realidad no le permita hacer lo que siente); si fuera paciente, obvio que elegiría recibir el mejor trato y tratamiento posible, con la mejor tecnología a su servicio; si fuera familiar, seguro que le encantaría sentirse parte del sistema y que sus opiniones se tuvieran en cuenta, y programarse su vida como acompañante según sus propias necesidades y no como dice la norma. ¿Y si fuera profesional? ¿Acaso no le gustaría trabajar en un sitio que apueste por su felicidad, que le haga sentir la camiseta, donde se sienta bien tratado y reconocido?

No hay más palabras, señoría.

Y recurro al símil de la abogacía porque muchas veces nos sentimos juzgados por esto de la H, y nada más lejos de la realidad. Mire usted, existen personas excelentes, con coraje y valores desde siempre: ¡adelante, sigan así! Muchas gracias por mostrarnos el camino, ¡da gusto estar cerca de ustedes y aprender!

Y también todos conocemos personas desgastadas, hastiadas, desencantadas, cansadas e infelices, que cada día se calzan su pijama para atender a otras personas en situación de extrema vulnerabilidad. Ya me dirán cómo hacen para sobrevivir, porque, consciente o inconscientemente, sufren y hay que cuidarlas.

Y luego, como todo en la vida, hay una escala de grises enorme en donde está la mayoría, y que, según cómo se levante ese día, sonríe o berrea porque la vida es así y también los profesionales sanitarios tenemos derecho a cometer errores. Y, de hecho, aprovecho este espacio y reivindico ese derecho a equivocarnos. 

Desde hace dos años, el Proyecto HU-CI puso en marcha una plataforma de formación en habilidades de humanización para profesionales sanitarios: todas aquellas cosas que no nos enseñaron en la Universidad y que, aunque parecen obvias, muchas veces pasan inadvertidas. Me llama poderosamente la atención cómo alguien se puede creer que no puede ser más humano y que la capacitación en este sentido es una milonga. Pero ¿cómo no va a ser importante aprender a escuchar, a comunicarse, a cultivar la compasión, a acompañar? Incluso me atrevería a decir que esto no lo puede enseñar cualquiera, y por eso buscamos a los mejores docentes para ofrecer experiencias formativas que cambian la manera de trabajar de los profesionales. Y —como diría un amigo— preferimos el power-body al powerpoint, por lo que en los inicios arrancamos la plataforma con formaciones presenciales. Además, creemos que aportamos el valor de la humanización desde la trinchera, es decir, desde el trabajo constante y día tras día con los pacientes, las familias y los profesionales como parte del sistema. A otros les gusta más decidir lo que otros tienen que hacer desde la comodidad de su despacho u ocultos tras su maletín.

Otra cosa, ya para nota, es confundir humanización con altruismo. Nadie cuestionaría pagar por una capacitación en enfermedades infecciosas, ventilación mecánica, depuración extrarrenal o vaya usted a saber. Pero parece ser que para algunos esto debería ser for free, obviando las horas y horas de trabajo, el estudio y la dedicación de quienes apostamos por esta vía. 

En cualquier caso, mi reflexión es la siguiente: la humanización, a diferencia de otras disciplinas del conocimiento (que es lo que es, le pese a quien le pese, y lo digo a título informativo para los desinformados), se trata de un movimiento: ¿dónde estoy yo en este sistema mal diseñado?, ¿qué puedo hacer para mejorarlo?, ¿seré yo, en parte, responsable de este sistema que nos machaca? Pero, ojo, que vivimos en el país de los balones fuera y esto también es muy humano.

Poco a poco, y por algo será, las demandas de las personas nos han llevado a pasar al formato online, y hemos presentado recientemente dos nuevas posibilidades, porque para gustos, los colores: dos cursos de introducción a la humanización en nuestro medio natural, las unidades de cuidados intensivos, y el Máster en Humanización de la Asistencia Sanitaria, de la mano de la prestigiosa Universitat de Barcelona.

Señoras y señores, la H ha entrado en la Universidad, y eso debería ser motivo de alegría para todos. No solo se trata de formar buenos profesionales, sino profesionales buenos. El motor de cambio somos las personas, y hemos de estar preparadas no solo en el ámbito de lo científico y lo técnico.

Se puede aprender a ser humano.

2 comentarios:

  1. Me parece fantástica esta formación, una estupenda idea. Pero contrariamente a lo bueno que me parece, me parece abusivo el precio del master aunque sea de la Universidad y a pesar de que sea lo habitual en este tipo de formación. Creo que la humanización debe darse también como ejemplo lo cual facilitaría también, la accesibilidad y universalización de las competencias.

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