miércoles, 18 de junio de 2014

Saneamiento de la cadena del conocimiento, una empresa difícil









En un post mío de la serie "Pantone" de 7 de mayo, les hablaba de la necesidad de disponer de fuentes de conocimiento limpio y cristalino como el agua que bebemos para la toma de decisiones apropiadas, pero la cuestión es que nuestras fuentes están contaminadas por una serie de sesgos que impregnan las decisiones que tomamos como ciudadanos, como pacientes, como profesionales o como gestores sanitarios y ello nos conduce al sobrediagnóstico y al sobretratamiento.

Frente a estos sesgos, Gerd Gigerenzer y Muir Gray, en el libro "Better Doctors, Better patients, Better Decisions" proponen algunas medidas de saneamiento, a las que me he permitido añadir alguna más de elaboración propia:


1. Cómo hacer que la investigación sea más relevante para los pacientes
a) Las agencias reguladoras, como la FDA o la EMA, deberían exigir estudios que demostraran la superioridad de los nuevos fármacos respecto a los mejores tratamientos disponibles, y no frente a placebo.
b) Patrocinadores independientes deberían promover investigación sobre tratamientos o prácticas profesionales sencillas, beneficiosas y relevantes para los pacientes, que no implican el uso de medicamentos o tecnología y, por ello, carecen de patrocinio (ejercicio físico, dietas saludables o checklists para mejorar la seguridad clínica).
c) Yo añadiría que deberían incluirse los llamados Patient-Reported Outcomes en los ensayos clínicos que, a diferencia de las variables clásicamente empleadas, informan sobre la efectividad del tratamiento percibida por el paciente.

2. Cómo reducir la falta de transparencia en la publicación y difusión de la investigación clínica

a) Los editores de las revistas deberían exigir a los autores que evitasen  el uso de medidas estadísticas engañosas que distorsionan la percepción de beneficios y riesgos por parte del lector.
b) Los ensayos clínicos y sus protocolos deberían registrarse antes de ser realizados y debería exigirse la publicación exhaustiva de todos sus resultados, sean positivos o negativos, incluyendo todas las variables y durante el período de seguimiento establecido a priori.

3. Cómo reducir los efectos de la incompetencia estadística de profesionales y ciudadanos

a) En la formación de profesionales sanitarios, gestores y periodistas se debería trabajar más la interpretación adecuada de riesgos y beneficios a partir de la estadística.
b) Cada organización sanitaria debería tener un Director del Conocimiento, entre cuyas funciones, estuviera la de garantizar la independencia, calidad y transparencia de la información que utilizan profesionales y pacientes para la toma de decisiones.
c) Las autoridades sanitarias deberían velar por la calidad, la transparencia y la independencia de la información que se proporciona a los ciudadanos para la toma de decisiones sobre su salud, como hacen por ejemplo en el Reino Unido con la web NHS Choices o la sección Behind the headlines.

4. Cómo reducir los conflictos de intereses

a) Las organizaciones responsables de la formación continuada de los profesionales sanitarios y de su recertificación deberían establecer mecanismos para desincentivar actividades pseudo-formativas (tal como las denomina Marcia Angell, ex editora del New England Journal of Medicine, en su libro “The truth about the drug companies” Random House 2004) patrocinadas por la industria farmacéutica, las cuales, de manera más o menos explícita, esconden mensajes de marketing.
b) Los sistemas de pago deberían incentivar la calidad de la atención y las prácticas que aportan valor, y no el volumen de actividad realizada.
c) Se debería animar a los ciudadanos en general y a los pacientes en particular a implicarse más en la toma de decisiones que afectan a su salud mediante la toma de decisiones compartida.

Podemos pensar que éste es un planteamiento utópico. De acuerdo, la solución no es fácil ni está al alcance de las personas individuales. No obstante, seguramente tampoco el saneamiento y el tratamiento del agua potable fue sencillo en el siglo XIX y hoy en día no concebimos que pueda ser de otra manera.

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