lunes, 17 de noviembre de 2014

La atención a los crónicos quiere disrupción y no reformas








Clayton Christensen, profesor de Harvard Business School, define la innovación disruptiva como un proceso que, mediante la simplificación de un producto o de un servicio, amplía mercados, hasta que los nuevos productos o servicios logran batir los originales, obviamente más pesados y costosos. Las tecnologías disruptivas han simplificado productos, los han abaratado y, con ello, han incorporado millones de nuevos consumidores al mercado. Así es la economía del nuevo milenio.

En The Innovator's Prescription, Christensen afirma que el sistema sanitario carece de innovación disruptiva, que los hospitales concentran demasiados especialistas, demasiada inversión y demasiada tecnología; y, según él, esta acumulación es un freno para la llegada de servicios más simples, pero quizá más efectivos a poblaciones más amplias.

En el siguiente gráfico se observa, según Christensen, el camino bottom-up de la innovación disruptiva aplicada al sistema sanitario, donde se ve como los menos especialistas toman competencias de los más especialistas (more empowerment): pacientes crónicos que manejan más autónomamente su enfermedad, enfermeras que gestionan demanda hasta ahora sólo reservada a los médicos, médicos de familia que se hacen responsables plenamente de los pacientes diabéticos, o bien que se entrenan en técnicas como la ecocardiografía para diagnosticar insuficiencias cardíacas en su propio consultorio; cardiólogos hemodinamistas que implantan stents evitando intervenciones quirúrgicas de by-pass coronario, etc.




Con estas innovaciones, descritas en el gráfico, se rompe el status quo y se consigue que los servicios sean más accesibles para la población que los necesita. Si disponen de 4 minutos, podran ver en el video como Clayton Christensen explica la innovación disruptiva en el sistema sanitario.



Pese a que en la sanidad la disrupción es más bien tibia, hay un colectivo de personas mayores que la pide a gritos. Cuando aparece la multicronicidad y la fragilidad geriátrica, los pacientes necesitan servicios comunitarios liderados por la atención primaria, que se les elabore planes terapéuticos individualizados, que estos planes incluyan pensamiento y metodología geriátrica, y que además tengan acceso a los servicios sociales ajustados al plan definido. Este colectivo de pacientes, cada vez más numeroso, requiere que se invierta fuertemente en este modelo de coordinación comunitaria, con la clara intención de mantenerlos alejados de los servicios fragmentados que demasiado a menudo se les ofrece desde los hospitales. En resumen: la atención a los pacientes crónicos quiere disrupción y no reformas.



Jordi Varela
Editor

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