viernes, 6 de febrero de 2015

Tests genéticos: la información es poder, ¿pero siempre es así?






El 20 de enero el Presidente Obama convocó a los periodistas a la Casa Blanca y, de manera solemne, les dijo: "Hoy les presento la iniciativa de la "Medicina de Precisión" que nos conducirá a la curación del cáncer y de la diabetes y nos ofrecerá acceso a la información personalizada imprescindible para nuestra salud y la de nuestras familias" (ver artículo de NEJM sobre la iniciativa). Con este anuncio, Obama se pone al frente de un proyecto de largo alcance que promoverá que un millón de americanos ofrezcan, para usos científicos, su material biológico, incluida su secuencia genómica, además de otros datos conductuales y clínicos. Esta nueva orientación estratégica de la Casa Blanca aportará grandes cantidades de fondos públicos y privados a los National Institutes of Health en la línea de la medicina personalizada, o de precisión como les gusta decir ahora. Esta es una opción lícita, aunque creo que aleja la administración norteamericana de las políticas de salud comunitaria, mucho más cercanas a los determinantes de salud realmente influyentes.






Volviendo a la realidad, pero en esta misma línea, les he elegido un tweet de la Dra. Margaret McCartney, médico de familia escocesa y referencia habitual de este blog (ver McCartney en las etiquetas). El tweet nos conduce a un artículo suyo publicado en el British Medical Journal donde se hace eco de una campaña de la empresa "23andMe" que ofrece tests genéticos por 125 libras con el lema "El conocimiento es poder" y el compromiso de ofrecer información personalizada sobre 100 características personales y condiciones de salud. Como dice la Dra. McCartney, las personas que se hagan el test genético disfrutarán de una información genuina y nueva. Pero, ¿como la gestionarán? ¿Los proveedores del test ofrecen conocimientos adicionales para la correcta interpretación de los resultados?

Seguramente los resultados de estos tests genéticos acabarán en la mesa del médico de familia y generarán una nueva presión para prescribir investigaciones diagnósticas influidas por ellos. Y mientras eso ocurre, ¿para cuándo tendremos una valoración del sobrediagnóstico inducido?


Jordi Varela

Editor

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