viernes, 9 de octubre de 2015

Ya no hay nada que yo pueda hacer por este paciente



 

En un artículo en el Washington Post, la Dra. Diane Meier, Directora del "Center to Advance Palliative Care" del Hospital Mount Sinai de Nueva York, explicó el caso de una paciente suya. De aquel escrito quiero destacar la frase que dijo el oncólogo cuando la enferma, finalmente, tuvo que ingresar en una unidad de cuidados paliativos: "Que quede claro que ya no hay nada más que yo pueda hacer por ella". Ahora, el tweet del Dr. Brad Stuart nos remite a un artículo de The New York Times que comienza con la misma frase, unas palabras que hunden a las personas en la desesperanza y que se siguen pronunciando en las salas clínicas, un día tras otro.


La Dra. Dawn Gross, la paliatóloga que firma este nuevo trabajo, dice que cuando se llega al punto de no retorno, los médicos deberían ser, no sólo francos, sino que tendrían que preguntar a los pacientes qué es lo que más desean y qué es lo que más temen. Si estas preguntas se hacen de manera honesta, las respuestas, afirma la Dra. Gross, son las que marcarán el camino a seguir. "Haga lo que pueda para quitarme la ansiedad", "Deme de alta para estar con mi familia", "Déjeme ir a casa a ver mi huerto", "Manténgame intubada hasta que llegue mi hija des de la otra punta del mundo". Esta pequeña muestra del abanico de respuestas posibles, deja claro que el médico tiene mucho que hacer, cuando ya no hay nada que hacer. Nada menos que debe procurar, si es factible, que los deseos de los pacientes se cumplan, o que sus miedos disminuían.

La Dra. Dawn Gross dice que la única manera de garantizar que un médico ya no puede hacer nada para un paciente es no preguntarle qué es lo que más desea y qué es lo que más le preocupa. Quizá el problema es que esta dialéctica está fuera de la zona de confort profesional tan preciada por muchos.


Jordi Varela

Editor

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