El fenómeno emergente de la multicronicidad y de la fragilidad geriátrica está analizado desde todos los puntos de vista: el demográfico, el epidemiológico, el de la utilización de recursos y el del impacto económico, por citar sólo los más destacados. Conocida la tendencia, el reto ahora es cómo proveer servicios apropiados a los pacientes que, fruto de la precariedad de su salud, o de su circunstancia social, o ambas cosas combinadas, sufren situaciones de inestabilidad y se convierten en frecuentadores intensos sin rumbo.
Este colectivo de pacientes complejos, por otra parte no demasiado grande, está tensionando las rigideces de los sistemas sanitarios en tres focos: a) saturación de los servicios de urgencias hospitalarios con montones de ambulancias, camillas y camas de observación incapaces de dar respuestas efectivas a las necesidades de estas personas, b) descoordinación de los transfers entre niveles, especialmente entre el hospital y la atención primaria, y c) polimedicación fruto de la fragmentación de la prescripción.

