La formación emocional ha cambiado a lo largo del tiempo. A una parte de los hombres de mi generación nos educaron en la contención de las emociones. Los hombres no lloran. Expresar en público ciertas emociones puede ser considerado como una grosería (o, peor, como una debilidad). La intimidad (es decir, la soledad) es el único espacio de las emociones masculinas. La intimidad entendida como un espacio personal no compartido. La intimidad es un derecho y, sobre todo, una manera de trabajar. Hay cosas que sólo pueden ser fruto del trabajo y la reflexión personal, en la más estricta intimidad.
Ya sé que simplifico. Quizás no debemos hablar de emociones e intimidad. Quizás deberíamos hablar de "privacidad". Pero ahora mismo hay un par de fenómenos relacionados con la digitalización que, como mínimo, se sitúan en el límite de la privacidad: la inteligencia colectiva y la transparencia.
La inteligencia colectiva pone en cuestión la reflexión individual como herramienta básica para comprender. Sumar es tan potente! Sumar desde diferentes perspectivas da soluciones inéditas a problemas complejos. Pero me centraré en la transparencia.