Mostrando entradas con la etiqueta Ioannidis J.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ioannidis J.. Mostrar todas las entradas

lunes, 6 de julio de 2020

Nutrición y salud: la confusión está servida








Nota de los editores: Este post fue publicado el 9 de marzo, pero debido al avance de la epidemia que se vivía en aquel momento, creemos que no mereció la atención habitual de nuestros lectores, por lo que hemos decidido darle una segunda oportunidad.


La carne roja y procesada, tan denostada durante años en todas las guías de alimentación saludable, vive tiempos felices. El pasado mes de enero, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos derogó la iniciativa impulsada por Michelle Obama que promovía la inclusión de frutas y verduras frescas en los comedores escolares. ¿El motivo? Defender la libertad del individuo y de los centros educativos de ofrecer una comida más nutritiva y acorde con las preferencias de la población americana.

lunes, 6 de enero de 2020

La mala ciencia, nuevos capítulos








En mayo del año pasado comenté un trabajo de Paul Glasziou y Iain Chalmers que concluía que, teniendo en cuenta las carencias metodológicas, los estudios no publicados y los mal explicados, el desperdicio de la investigación biomédica podía ser del orden del 85%. Es decir, según estos autores, sólo el 15% de lo que se investiga llega a la clínica en condiciones de calidad y de comunicación apropiada. Un poco más de un año después, dispongo de otras fuentes que insisten en que la investigación biomédica, en términos generales, no da señales de recuperación y, para hacerlo comprensible, seguiré el mismo esquema que utilicé en el post que he citado.

lunes, 6 de junio de 2016

La falibilidad de los científicos








La revista Nature se ha hecho eco del debate profesional sobre la calidad intrínseca del trabajo de los científicos, en una dinámica de autocrítica comparable a la que se está llevando a cabo, en términos similares, en el mundo de la clínica. Los científicos también son falibles -afirma la articulista- y, por tanto, deberían potenciar los mecanismos de autocrítica, en vez de enrocarse en el autoengaño.

John Ioannidis, Meta-Research Innovation Center at Stanford, dice que los científicos deberían esforzarse más para comprender los sesgos de su falibilidad humana, si quieren superar la crisis de confianza generada por la escasa reproducibilidad de los resultados de la investigación. Y para ilustrar sus palabras, Ioannidis ofrece tres ejemplos: a) de una selección de cien estudios de psicología, sólo se pudieron replicar los resultados de algo más de un tercio de los trabajos, b) un grupo de investigadores de Amgen solamente lograron reproducir 6 de los resultados de 53 estudios de referencia en el ámbito de la oncología y la hematología, y c) el propio equipo de Ioannidis consiguió replicar completamente sólo 2 de los 18 estudios de expresión genética en base a microarrays (chips de ADN).

lunes, 16 de noviembre de 2015

Ensayos clínicos: derroche y transparencia







Derroche

Se estima que cada año se ponen en marcha más de 20.000 ensayos clínicos (ignoro si la cifra corresponde sólo a EEUU o es global), pero muchos de ellos no se registran, no se terminan, no se publican, no obtienen los resultados esperados, o sencillamente son irrelevantes. Así lo expresa John Ioannidis Director de Stanford Prevention Research Center en un editorial en el British Medical Journal, basándose en una revisión de casi 400 ensayos quirúrgicos elaborada por el equipo de Stephen Chapman (Queen Elizabeth Hospital Birmingham).


A pesar de la ineficiencia demostrada en el manejo de la metodología más preciada de la investigación, según el editorialista, el principal foco de derroche hay que buscarlo en la futilidad y la irrelevancia de muchos proyectos que sólo cobran vida porque están empujados por un modelo de incentivación perverso, y no por la aportación que puedan hacer para mejorar la actividad clínica.