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lunes, 7 de marzo de 2022

¿Cuándo dejaremos de financiar la no calidad?

Jordi Varela





La nueva entrega del atlas VPM de calidad de la atención hospitalaria de diciembre de 2021, elaborada con CMBD de 2018, analiza la mortalidad de trece procesos clínicos agudos, y lo hace con un gran despliegue de recursos comunicativos mediante mapas interactivos de variabilidad y fichas específicas de perfiles y proyecciones temporales para cada hospital.

lunes, 13 de noviembre de 2017

A propósito de la continuidad asistencial en los hospitales








La semana pasada debatíamos sobre cómo la continuidad longitudinal de la atención primaria afecta las idas y venidas de los pacientes crónicos a los servicios de urgencias. En esta línea, les quiero hablar de las dificultades que tienen los hospitales para garantizar los servicios asistenciales de una manera continuada, especialmente las noches y los fines de semana, y cómo este problema está siendo un lastre para atender con garantías los colectivos más vulnerables.

Si imaginamos que en un hospital ingresa una persona frágil por una descompensación aguda, de acuerdo con la evidencia conocida, se debería elaborar una evaluación geriátrica global y un plan terapéutico individualizado de común acuerdo con el equipo de atención primaria, si lo que se quiere es tener alguna probabilidad razonable de un regreso a casa lo más pronto y en las mejores condiciones posibles. El problema radica en que los hospitales, ni en la mejor de sus versiones, son capaces de dar una respuesta continuada a pacientes como el descrito, dado que el equipo médico habitual suele ofrecer una cobertura continuada de sólo el 27% (contando 5 días a la semana de 8 a 5). ¿Qué pasa el 73% del tiempo restante (tardes, noches y fines de semana)? Pues que nuestro paciente imaginario, aunque disfrutará de cobertura médica de guardia, el servicio que recibirá estará, muy probablemente, lejos de garantizarle la continuidad que requiere el cumplimiento de su plan personalizado.

lunes, 2 de enero de 2017

Bypass y hemodinámica coronarios: la cantidad importa








En el artículo “Comparing hospital performance within and across countries: an illustrative study of coronary artery bypass graft surgery in England and Spain”, firmado por un equipo hispano-inglés en el que participaron Sandra García Armesto (IACS) y Enrique Bernal (REDISSEC), se concluyó que los hospitales españoles del estudio operaban en general con un menor número de casos que los ingleses (se trataba de bypass coronarios). Por ello se sugiere que el número de casos intervenidos debe ser un trazador que podría explicar por qué la mortalidad por este proceso es el doble en España que en Inglaterra.

European Collaboration for Healthcare Optimization (ECHO) es una red europea de bases de datos administrativos para el análisis de las variaciones de la práctica clínica. En el siguiente artículo: “Hospital Surgical Volumes and Mortality after Coronary Artery Bypass Grafting: Using International Comparisons to Determine a Safe Threshold”, realizado por casi los mismos autores que el anterior, a partir de datos del proyecto ECHO, ratifica que para las intervenciones de bypass coronario hay una clara relación entre volumen y mortalidad y concluye que el límite mínimo de intervenciones de un equipo de cirugía cardíaca, si se quiere salvaguardar la seguridad de los pacientes, debería ser de 415 anuales. En el siguiente gráfico (procedente del artículo anterior) se observa como los hospitales españoles que participaron en el estudio (los puntos en obscuro), en general intervinieron menos bypass coronarios (muchos no llegaron a los 200) y mostraron mayores mortalidades.

lunes, 6 de julio de 2015

El efecto weekend en los hospitales








Un meta-análisis de 48 estudios y casi 2 millones de hospitalizaciones por infarto agudo de miocardio ha concluido que durante los fines de semana la espera para el inicio de la angioplastia es, de media, 15 minutos más larga, mientras que la mortalidad a 30 días es, también de promedio, un 6% superior, desviación que puede llegar al 12% si se consideran los infartos con segmento ST elevado, que son los susceptibles de ser intervenidos con angioplastia. Un estudio norteamericano de casi un millón de hospitalizaciones por insuficiencia renal aguda determinó que los pacientes ingresados ​​durante los fines de semana tenían, en promedio, una probabilidad de morir un 7% superior, y en otro trabajo, también con bases de datos extensas, sobre las intervenciones quirúrgicas programadas en los hospitales ingleses, concluyó que los pacientes operados en viernes tenían un probabilidad de morir un 44% superior, valor que subía hasta el 82% si la intervención se hacía en sábado o domingo (ver un post anterior sobre el tema en este mismo blog). Los tres estudios citados son sólo una muestra de la realidad terca del fenómeno. Sólo hay que rascar un poco en los buscadores científicos para extraer, por ejemplo, tres estudios más en la misma línea (Bell 2001, Freemantle 2012, Pérez Concha 2014). Incluso he encontrado un trabajo que ha observado más mortalidad en cirugía pediátrica urgente (Goldstein 2014).

lunes, 23 de febrero de 2015

Morir en el hospital


El neurólogo Oliver Sacks ha publicado un artículo en el New York Times "My own life" donde anuncia que le acaban de diagnosticar una metástasis en el hígado (se puede leer también en la Vanguardia). "Me encuentro cara a cara con la muerte. Depende de mí escoger como viviré los meses que me quedan. Tengo que vivir de la manera más rica, profunda y productiva que pueda." La muerte es un hecho inescrutable que cada persona vive a su manera, hasta aquí todo normal, y Sacks lo hace con serenidad, tomando las riendas del tiempo que le queda. Pero, ¿y el sistema sanitario? Cuando alguien llama a la ambulancia porque tiene un dolor repentino en el pecho, toda la organización sanitaria se tensa, se activan los protocolos y todo el mundo sabe lo que tiene que hacer. La sanidad tiene el control de ese proceso, por lo que el paciente sólo tiene que mantenerse confiado. Pero, por otro lado, cuando lo que se tiene que hacer depende de cómo ve las cosas el enfermo, como es el caso de Sacks, entonces el sistema ya no se siente tan seguro, y puede llegar a hacer cosas poco apropiadas, o incluso desproporcionadas.

Fruto de ello, el sistema no acaba de generar una reflexión rigurosa sobre cómo debe actuar ante el proceso de final de vida, y por tanto no se sabe cómo se deben interpretar los indicadores de mortalidad. Valgan como ejemplo las tasas de mortalidad de los hospitales, uno de los ratios que suele ser catalogado en los apartados de calidad o incluso de efectividad. Se trata de un indicador robusto y de cálculo relativamente sencillo. Por ejemplo, los estándares avisan de que de cada 25 personas que ingresan en un hospital una morirá. Este es un dato en bruto, pero a pesar de que se puede ajustar por complejidad, o incluso se puede ceñir a las patologías de mayor riesgo, al final el problema es de interpretación, porque cuando un hospital tiene una tasa de mortalidad elevada siempre aparecen explicaciones de tipo estructural: "en este territorio vamos cortos de sociosanitario" o "tenemos una población muy envejecida", y el debate se acaba deprisa.

lunes, 1 de diciembre de 2014

Unidades de hospitalización (2): ocupación, fines de semana y seguridad








En el post del lunes pasado vinculaba la calidad organizativa, la dotación de plantillas y la coordinación profesional con la seguridad clínica de los pacientes, y para esta segunda parte sobre unidades de hospitalización me habían quedado pendientes un par de aspectos también relacionados con la calidad asistencial: el estrés originado por la sobreocupación y las carencias de servicios durante los fines de semana.

La ocupación elevada de las unidades aumenta la mortalidad

Un grupo de la Universidad de Colonia, con la colaboración de la de Cambridge, ha elaborado un estudio en 83 hospitales alemanes con más de 80.000 pacientes con patologías de riesgo y han concluido que el punto de inflexión para una planta de hospitalización es del 92,5% de ocupación, cifra a partir de la cual, el caos inherente a la situación creada por el exceso de pacientes genera un aumento significativo de la mortalidad.

"Si un hospital trabaja habitualmente por encima del punto de inflexión -afirma el profesor Stefan Scholte en el blog de la Universidad de Cambridge-, se puede asegurar que tiene un problema estructural de calidad, pero lo que hay que estar alerta es en aquellos hospitales que llegan al punto de inflexión ocasionalmente, pero repetidamente, generando situaciones de riesgo para los pacientes que normalmente no son detectadas por las estadísticas agregadas".

lunes, 24 de noviembre de 2014

Unidades de hospitalización (1): enfermeras y seguridad clínica








A menudo cuando hablamos de seguridad clínica pensamos en actividades específicas como por ejemplo el lavado de manos o el checklist quirúrgico, pero en estos post quiero tratar de las repercusiones que las formas de trabajar en las plantas de hospitalización tienen sobre la calidad asistencial. Cuando las personas ingresan en una cama de hospital quedan en manos de un ejército de profesionales, los cuales siguen unas pautas y están sometidos a unos turnos y a unas guardias. A todo ello hay que prestar atención, porque la evidencia nos viene avisando que los factores que llamaríamos organizativos pesan, más de lo que pensamos, en la salud de las personas ingresadas.

Los turnos de 12 horas son menos seguros para los pacientes que los de 8

Un estudio de la Universidad de Maryland concluye que la probabilidad de cometer errores es 3 veces superior en las enfermeras que hacen turnos de 12 horas en comparación a las de 8. Este hallazgo ha sido corroborado por un trabajo extenso (22.000 registros) llevado a cabo por la Escuela de Enfermería de la Universidad de Pennsylvania.

lunes, 24 de septiembre de 2012

Las fracturas de fémur ¿Se podría reducir su incidencia?


Las fracturas de fémur representan una gran carga de enfermedad para los sistemas sanitarios ya que se estima que una de cada 20 personas se romperá el fémur a lo largo de su vida. Según el número de 2005 del Atlas de Variaciones en la Práctica Clínica y un documento de trabajo posterior vinculado a este mismo organismo (Bernal 2009), la incidencia de las fracturas de fémur en España es de 511 nuevos casos cada año por cada 100.000 habitantes, con una distribución de género claramente inclinada hacia las mujeres (2,6 veces más). La incidencia en Cataluña es la más elevada, 623, mientras que en Galicia es la más baja, 317.
Aunque se considera que la incidencia de la fractura de fémur tiene poca variabilidad, nótese que la comunidad autónoma que tiene la cifra más elevada casi dobla la más baja, y por otra parte si se revisa con atención el documento de Bernal se puede ver que hay ciertas circunstancias de estilo de vida que inciden claramente en que haya más o menos fracturas de fémur, como por ejemplo el hallazgo siguiente: si las personas mayores viven en una residencia tienen una probabilidad tres veces mayor de romperse el fémur que si viven en la propia casa.


La incidencia se correlaciona con la hospitalización en un 99%

En el tercer gráfico del post de 3 de septiembre, "The Poverty Hypothesis versus the Capacity Hypothesis", ya se veía como la hospitalización de la fractura de fémur no estaba, en absoluto, correlacionada con el número de camas instaladas (R2 = 0,06), que equivale a afirmar que la incidencia de esta accidentalidad se correlaciona perfectamente con la tasa de hospitalización correspondiente. Al lector le puede parecer extraño que esté ahora enfatizando este asunto, pero es que esto es debido a que la fractura de fémur tiene tres características casi irrepetibles en el mundo de la casuística médica:

1.     Se manifiesta con dolor y pérdida de función de la pierna. No se puede caminar
2.     Es de diagnóstico clínico fácil y preciso
3.     Todos los médicos, sin excepción, recomiendan la intervención quirúrgica

Si repasamos mentalmente como se presentan los tres elementos anteriores en otras circunstancias de posible criterio quirúrgico, como varicosidades en las piernas, amigdalitis de repetición, coronariopatías susceptibles de bypass, etc; nos daremos cuenta de que en ninguna otra circunstancia los criterios son tan claros como en las situaciones de fractura de fémur. Y de todas las variabilidades posibles, la que más destaca es la falta de uniformidad de criterio médico (véase el post de 27 de agosto: “The Surgical Signature”). Resulta curioso como dos de las patologías que podrían competir con la fractura de fémur en la correlación incidencia-hospitalización, como la apendicitis aguda o la hernia inguinal, no acaban de encajar tan bien. En el primero de los casos aparecen variabilidades en la extracción de apéndices "blancas", y en el segundo hay culturas donde una proporción nada desdeñable de hombres aún hoy prefieren llevar braguero antes que operarse.


Las resoluciones clínicas

Hay muchas cifras que explican la carga social y económica de esta accidentalidad, pero ahora, como corresponde a este blog, me centraré más en los aspectos clínicos. En el gráfico siguiente muestro unas cifras estimativas sobre qué les pasa a los enfermos después de la fractura y aunque en la literatura científica hay bastante diversidad, creo que las cifras que presento son una buena síntesis:



La mortalidad durante el episodio de ingreso quirúrgico es del 5% y ésta es una cifra que muchos sistemas utilizan como indicador de calidad de los hospitales. Otra de las cuestiones del manejo clínico de los enfermos que se han roto el fémur (no hay que olvidar que en general se trata de gente mayor o muy mayor) es el tiempo de espera para la intervenciones, y aunque parece intuitivamente razonable que los pacientes deberían operar lo antes posible, en una revisión de 30 trabajos y 50.000 casos (Bernal 2009) no se acaba de demostrar que los centros que operan con celeridad tengan menor mortalidad que los que aplazan más las intervenciones, incluso parece que lo que hay que evitar son las intervenciones nocturnas llevadas a cabo por equipos quirúrgicos de guardia poco especializados, pues sí que esta circunstancia aumenta complicaciones y mortalidad.


¿Se puede reducir la incidencia de las fracturas de fémur?

La osteoporosis es el origen de las fracturas de huesos por fragilidad, y la del fémur es la más frecuente de todas ellas. Por lo tanto, parece lógico que la prevención primaria de la osteoporosis tendría que ser una prioridad de los sistemas de salud, los cuales deberían:
  • Detectar, diagnosticar y tratar grupos de riesgo de osteoporosis
  • Fomentar la alimentación saludable y el ejercicio físico
Sin olvidar que una segunda línea de intervención debería incidir en las políticas de prevención de caídas de las personas mayores:
  • Evitar hipnóticos siempre que sea posible
  • Revisar los obstáculos de las viviendas donde viven personas con riesgo: luz suficiente, evitar alfombras peligrosas, evitar barreras en los circuitos habituales, etc
  • Revisar los circuitos de calle de las personas con riesgo: suelos resbaladizos, suciedad, aceras, barreras, etc
Hay dos documentos del Ministerio de Sanidad, en colaboración con la “Agència d’Informació, Avaluació i Qualitat en Salut de la Generalitat de Catalunya (AIAQS)” que corroboran que la prevención de las fracturas es posible y que se debe potenciar.




Hay, pues, evidencia suficiente, tal y como reconocen los dos documentos oficiales mencionados, para pensar que la actuación decidida para el retraso de la aparición de la osteoporosis es decisivo para reducir las fracturas de fémur de la gente mayor, pero a pesar ello, no se detecta, en absoluto, un nivel de conciencia preventiva ni entre los profesionales ni entre la población, de nivel comparable a lo que ocurre con las enfermedades cardiovasculares o con la diabetes, por poner dos ejemplos.


Y mientras tanto,  ¿qué hacen en la Kaiser?

La mutua americana Kaiser Permanente se caracteriza porque, cuando están convencidos de que una acción comunitaria preventiva reducirá hospitalizaciones y mejorará la calidad de vida de las personas, se lanzan sin tapujos, y si no véase el siguiente artículo:



El Area de California del Sur de Kaiser (Kaiser Scala), que atiende a 3,1 millones de asegurados, inició en 2002 el programa "Healthy Bones" estructurando equipos multidisciplinares de intervención comunitaria liderados por traumatólogos, y estos equipos se marcaron los siguientes objetivos:
  • Aumentar en un 50% las exploraciones de densitometrías entre la población de riesgo de osteoporosis
  • Aumentar en un 50% el tratamiento anti-osteoporosis en la población diagnosticada
  • Mejorar el autocuidado (dieta y ejercicio) de la población de riesgo

Este programa ha conseguido una reducción de fracturas de fémur del 37,2% (entre 2002 y 2006), aunque los autores afirman que tienen indicios para pensar que no les debería costar llegar al 50%.


En resumen

Se deberían identificar las poblaciones de riesgo de osteoporosis con actuaciones preventivas específicas (dieta, ejercicio y tratamiento cuando sea necesario) además de potenciar políticas de prevención de caídas en el ámbito comunitario. Este trabajo debería estar liderado desde la atención primaria con el apoyo de especialistas. Después, si la fractura, sin embargo, se da, el paciente debe ser intervenido por equipos especializados, siempre prestando atención a conseguir la máxima estabilización clínica posible. Es decir, se debe intervenir bien, que no quiere decir deprisa, y posteriormente la rehabilitación y el regreso a la comunidad se hará de acuerdo con los requerimientos médicos de la complejidad geriátrica de cada persona.


Bibliografía citada

Bernal E, Librero J, Peiró S et al. Reparación de fractura de cadera en personas Mayores. Asociación entre el tiempo hasta la intervencion y la mortalidad en la fractura de cadera en el Sistema Nacional de Salud. Documento, trabajo 03-2009. VPM (Atlas de Variaciones de la Práctica Médica) - Instituto Aragonés de Ciencias de la Salud. Este documento se puede bajar libremente a través de la página de VPM.



Para el post que tengo previsto para el próximo lunes, primero de octubre, hablaré de una de las patologías crónicas que más inciden en las hospitalizaciones de las personas mayores: la insuficiencia cardíaca, y haré un repaso de las diferentes actuaciones que se pueden emprender a nivel de la comunidad y los resultados que están obteniendo.